Esta mañana he tenido el placer de hacer una entrevista con Andoni, agente forestal que lleva más de cuarenta años luchando por los animales, y que a día de hoy, jubilado y con cuatro nietos, sigue ayudando por toda España, ya sea asesorando, o personándose él mismo siempre que le sea posible.
Cuarenta años son muchos años para estar detrás de esta lucha. Para aquellos que llevamos tiempo en esto, sabemos lo difícil, lo frustrante y lo duro que resulta. ¿Cómo lo ha gestionado Andoni? Pues a veces mal, a veces mejor, pero nunca se ha rendido, siempre con el apoyo de su familia y a veces con apoyo médico, ha seguido sin mirar atrás, sin arrepentirse de nada. Porque algo está claro, si hay un animal que salvar, Andoni no lo duda, Andoni está ahí.

La realidad del trabajo en el campo: una realidad agridulce
Cuando habla de los animales, a Andoni se le nota algo que no se enseña en ninguna academia forestal: una empatía sincera y sin artificio hacia cada individuo. No describe “fauna salvaje”, sino historias concretas. Historias bonitas, como la cigüeña bebé que salvó o el jabalí bebé que rescató y le devolvió la libertad. Historias terribles, como cachorros asesinados a porrazos, o perros ahorcados. En su trabajo como guarda forestal, Andoni ha sido testigo de la violencia ilegal y la legal que sufren los animales en el medio rural. Y, sin embargo, no ha respondido con resignación, sino con resistencia ética.


Obstáculos legales y adminsitrativos
La ley española reconoce a los animales como seres sintientes, pero esa protección se diluye cuando entra en conflicto con otros intereses: la caza, la ganadería o las competencias fragmentadas entre administraciones. Andoni conoce mejor que nadie esas grietas.
En su día a día se enfrenta a una paradoja: tiene la obligación profesional de proteger a la fauna, pero a menudo carece de herramientas legales para actuar frente a prácticas toleradas durante décadas. Desde perros encerrados permanentemente hasta animales silvestres heridos por armas de caza, sus informes pueden quedar detenidos en un laberinto burocrático donde nadie asume responsabilidades, donde el amiguismo está a la orden del día: que los jueces bajen las penas para que tu vecino no vaya a la cárcel o directamente archivar el caso, por “colegueo” y no responsabilizar por asesinar a un perro, aún habiendo admitido el mismo denunciado “que el perro ya no le valía y su amigo le pegó un tiro”.
Cómo él mismo comenta durante la entrevista: “Una vida de un animal, que es una vida, tiene sentimientos, tiene sentidos, sufre, se ríe, disfruta, juega y pasa sus enfermedades…Que venga una persona con esta mala saña y lo abandone o directamente lo mate… y que haya alguien que esté en sus manos castigarlo… y no lo haga, y se vaya de rositas, y que ése tío luego se ría de tí a la cara… Qué injusticia.”
Pese a ello, llama a la puerta que haga falta: ayuntamientos, seprona, fiscalías ambientales, veterinarios comarcales. Su resistencia consiste en insistir hasta desgastar al silencio.
Esta lucha desde dentro revela el problema estructural: quien quiere proteger a los animales muchas veces depende de cargos públicos que no hacen su trabajo.

Convivencia con la ciudadanía, ganaderos y cazadores
El territorio rural no es un espacio neutral: está atravesado por intereses económicos, tradiciones muy arraigadas y una forma de entender la naturaleza donde los animales son recursos o herramientas. Andoni ha aprendido que convivir con la ciudadanía, los ganaderos y los cazadores implica moverse en ese equilibrio frágil. Pero su trabajo no es diplomático: es legal y ético. Ahí aparecen los conflictos.
Su defensa de los animales —especialmente cuando implica denunciar prácticas ilegales o maltrato— no siempre se recibe con diálogo. Hay sectores de la ganadería y la caza que perciben cualquier intervención como una invasión o una amenaza a su modo de vida, aunque aquello que denuncia Andoni esté prohibido por ley o suponga un sufrimiento evidente para los animales.
Ese choque ha tenido consecuencias personales: amenazas directas, presiones, campañas de desprestigio y un clima de intimidación permanente. A veces son mensajes anónimos; otras, presiones para que cierre expedientes, insinuaciones sobre represalias, o la sensación de que “no conviene” remover ciertos asuntos. No se trata de discrepancias, sino de un ejercicio de poder histórico: quien controla el territorio intenta imponer silencio. Directamente Andoni tiene varias amenazas de muerte por algunos cazadores.
Aun así, Andoni no ha retrocedido. Entiende que su responsabilidad como agente público no es agradar, sino proteger.
Para Andoni, la convivencia real no se basa en la omisión, sino en poner límites donde empieza el daño a los animales, aunque eso signifique soportar presiones y amenazas de muerte.
Hay algo que está claro, si Andoni recibe presiones y amenazas por aquellos que maltratan a los animales, algo está haciendo bien.

Empatía, ética animal y resistencia
A Andoni no lo mueve un discurso ideológico abstracto. Lo mueve algo más simple y más radical: la capacidad de sentir lo que siente un animal. Esa mirada hace que sus decisiones sean incómodas para quienes esperan una simple gestión de recursos naturales.
Su ética nace de las historias que carga en la memoria: animales que ha rescatado, otros que no llegó a tiempo, y los que vio morir por decisiones humanas que se consideran “normales” en el campo.
Esa experiencia moldea una forma de resistencia silenciosa: informar, documentar, denunciar, acompañar; sostener la dignidad de los animales incluso cuando nadie mira. Su empatía no es emocionalismo; es política práctica, aplicada desde dentro.
Hace unos meses le llamaron para salvar a unas jabalinas que se encontraban en una balsa atrapadas. Intentó sacarlas con una cuerda y con la ayuda de dos chicos que trabajan ahí. La jabalina, asustada, le pegó un buen “rapapolvo”, le costó dos mordiscos y un esguince. A día de hoy sigue con la zona del muslo donde le mordieron acartonado.
Todo esto fue grabado por uno de los trabajadores, y Andoni tuvo que aguantar que desde la diputación, el cargo político de medio ambiente le llamara loco y muchas cosas más ya que según él, debería de haber matado a las jabalinas, aún sabiendo que la responsabilidad de un guarda forestal implica velar por el bienestar animal y, en caso necesario, intervenir para su protección.

Final de la entrevista
Andoni demuestra que la defensa de los animales no empieza en grandes despachos, sino en decisiones cotidianas: detener el coche, levantar un teléfono, escribir un informe que quizá nadie leerá. Su empatía no es perfecta, ni busca serlo; es coherencia aplicada, una resistencia discreta pero férrea frente a un sistema que aún trata a los animales como recursos.
Frente a quienes dicen que no se puede hacer nada, él muestra lo contrario: sí se puede, aunque cueste, aunque no se vea, aunque no se aplauda.
En la entrevista agradece expresamente a todas las personas que intervienen para salvar un animal, que avisan cuando ven un caso de maltrato o que simplemente ofrecen agua a un animal herido. No romantiza la causa: entiende que proteger a los animales es un esfuerzo colectivo, muchas veces silencioso, y se esfuerza en devolver ese apoyo.
Su forma de hacerlo es tan sencilla como radical: deja su número de teléfono y su dirección de correo para quien necesite ayuda. Lo dice sin grandilocuencia, con naturalidad: si alguien encuentra un animal herido o no sabe qué hacer, puede contar con él. Esa disponibilidad rompe el muro institucional y convierte la empatía en un canal directo de acción.
Por último Andoni se dirige a los animales, lo hace con sencillez, sin dramatismo, como quien habla con aquellos a quienes respeta:
“Ha sido un placer conoceros, gracias por todo. Aguantad.”
Entrevsita a Andoni Díaz Blanco realizada por Donna Ratier-Kimberley
Contacto de Andoni: zaunka13@gmail.com — (+34) 653 72 14 64




Pero él es especista y usa ropa de origen animal. Una vez le escribí y se enfadó. Dejé de seguirlo. Una decepción grande.
Hola, Aurora. Gracias por tu comentario. Es verdad que puede ser frustrante que las personas no sigan un comportamiento 100% vegano, pero cada uno ayuda como puede y es importante reconocer lo que se hace por los animales. Por eso, con todo lo que ha hecho Andoni y cada vez más, hemos querido reconocérselo.