Tetrabrik de leche con una foto de fondo de una vaca con mastitis sacando leche con máquina

La guerra de los nombres

Estos últimos meses hemos presenciado entre la industria cárnica (ganaderos, sector cárnico y eurodiputados conservadores) y el mundo de la proteína vegetal (la industria plant-based, grupos ecologistas y organizaciones de consumidores), una guerra por los nombres. ¿Se puede llamar hamburguesa a algo que no tiene carne? Bueno… Si llamamos coches a los coches que no tienen combustible, o trenes a los que ya no van con vapor… En mi opinión es positiva, sí, se puede. Es más, parece que se ha llegado a un consenso. Hamburguesas sí, chuletón no. 

Pero, y aquí es donde a lo mejor me meto en un problema, ¿es realmente importante? Los que somos veganos por ideología, por justicia, por convicción, sobre todo por la defensa del bienestar de los seres sintientes, lo que nos importa es que los animales estén bien, por eso creo que los nombres y la guerra por poder llamar nuggets o hamburguesa a algo que no tiene carne nos distrae de lo realmente importante. Es más, creo que la creatividad del mundo de la comida es maravillosa, no hay mejor ejemplo que la veganesa, la vuna o vatún o el faux gras… ejemplos donde la creatividad gana y se hace cada vez más popular.

Veganesa de SoriaNatural y FauxGras de Gaia

Hablo de una lucha contra la industria cárnica porque no solo son las empresas los que están peleando en juicios: Muchas veces oigo a los que somos veganos discutiendo y defendiendo la nomenclatura. Nos oigo discutir de forma muy efusiva, como si fuera EL derecho que no nos pueden arrebatar… El llamar a algo de alguna forma. Y sí, lo entiendo, el lenguaje importa. Sobre todo para las empresas que quieren vender su producto. Pero creo que nos está distrayendo. Estar luchando por los nombres nos distrae del problema importante: el bienestar de los animales, que se haga justicia, que el mundo entero conozca lo hay detrás de su hamburguesa de carne. No es una vaca pastando o un cerdo tomando el sol, esa no es la realidad. Nosotros lo sabemos, pero la gente que sigue comprando leche de vaca donde en el tetrabrik aparece una vaca pastando, no lo sabe. Te parecerá sorprendente, pero la mayoría de la gente piensa que las vacas dan leche porque son así de majas, y que viven con más vacas en hectáreas de pasto entre sol y sombra felices. ¿Y por qué? Porque esta mentira no la estamos luchando como es debido. Si la industria cárnica no deja que llamemos hamburguesa a la hamburguesa de proteína vegetal, ¿por qué ellos pueden poner una vaca feliz en su empaquetado? 

Como sabemos, la realidad es muy diferente. Las vacas paren y a las pocas horas o pocos días les arrebatan a su ternero para poder seguir ordeñándolas; pasan la gestación y la lactancia encerradas en naves, muchas de ellas sin ver la luz del sol ni pisar un pasto en toda su vida productiva, entre cuatro paredes y un suelo de cemento, viendo siempre lo mismo: la misma nave, los mismos barrotes, el mismo cubículo donde descansar. Inseminadas artificialmente una vez tras otra para que el grifo de leche no se corte, con una producción que multiplica varias veces lo que su cuerpo necesitaría para criar a su propia cría. Cuando ese ritmo las agota —mastitis, cojeras, el cuerpo roto de dar tanta leche— acaban en el matadero con cuatro o cinco años, cuando podrían haber vivido hasta veinte, sin haber sentido jamás la hierba o la luz del sol. Y los cerdos… las madres pasan buena parte de su vida en jaulas de gestación tan estrechas que no pueden ni darse la vuelta, encerradas en naves sin ventanas donde no distinguen el día de la noche, y paren en jaulas de parición donde apenas pueden acercarse del todo a sus lechones. A estos, recién nacidos, se les cortan los dientes, la cola y se les castra, casi siempre sin ningún tipo de anestesia. Nacen, viven y mueren sin haber visto el cielo una sola vez.

Imagen de ternero siendo sacado con una carretilla, vacas al fondo enjauladas. Cerdo en una jaula de gestación.

Fotos de We Animals, esta es la realidad de la ganadería extensiva.

Yo le daría la vuelta a todo. La próxima vez que salga este debate, les diría: tenéis razón, no está bien confundir mínimamente al consumidor. Por mí, si realmente creéis que engañamos al consumidor, encantada de dejar de llamar hamburguesas a nuestras hamburguesas. Pero entonces vosotros no podéis engañarles tampoco con fotos de vacas y cerdos felices. Debéis poner en el envase la foto real del animal que hay dentro. De dónde viene, cómo ha vivido, cómo lo habéis sacrificado. No queremos engañar a nadie, ¿verdad? Pues ahí tenéis la oportunidad perfecta para no hacerlo. A partir de ahora, nuestras hamburguesas se llamarán vegetalesas, o lo que la creatividad nos permita inventar. A cambio, mostradnos la verdad. 

Foto creada con IA, fondo de We Animals, una vaca dando leche, esta es la realidad de la ganadería extensiva. 

Foto creada con IA (Gemini), el fondo es una foto de We Animals, esta es la realidad de la ganadería extensiva. 

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Smartphone con publicidad de hamburguesa

Prohibir la publicidad de la carne: éticamente necesario, pero ¿suficiente?

Prohibir la publicidad de la carne: éticamente necesario, pero ¿suficiente?

El 2026, el Ayuntamiento de Ámsterdam, impulsado por el partido ecologista GroenLinks y Partij voor de Dieren – PvdD (Partido por los Animales), aprobó una medida sin precedentes en Europa: prohibir la publicidad de carne en el espacio público de la ciudad. La justificación fue clara: reducir el impacto climático de la ganadería industrial y ser coherentes con los compromisos de sostenibilidad municipales. Así, marquesinas, vallas y transporte público dejaron de poder albergar anuncios de productos cárnicos. Pero hay una pregunta incómoda que merece ser formulada con honestidad: ¿va a funcionar?

La respuesta corta es: probablemente no si se queda aquí.

Antes de entrar en el debate sobre la eficacia, conviene dejar algo claro: retirar del espacio público la promoción de una industria que causa sufrimiento masivo a animales sintientes, que es uno de los principales motores del cambio climático, y que genera enormes costes sanitarios y medioambientales que pagamos entre todos, es éticamente correcto.

El espacio público es un bien común. Que ese bien común haya servido durante décadas para que la industria cárnica normalize y glamurice sus productos —a menudo sin mostrar nada de lo que ocurre realmente en las granjas industriales— es algo que merece ser cuestionado. Ámsterdam ha tenido el valor de hacerlo.

Pero la ética no es lo mismo que la eficacia. Y aquí empieza el problema.

Smartphone con publicidad de hamburguesa

Cuando se anunció la medida, el debate público se centró en si era o no una restricción a la libertad de expresión comercial. Lo que se discutió menos es lo que apuntó el director de la ANVR (Asociación General Neerlandesa de Empresas de Viaje) en una entrevista reciente en la BBC: que el dinero que la industria cárnica destinaba a publicidad en el espacio público no va a desaparecer. Va a trasladarse.

Y adónde va a ir es fácil de predecir: a los smartphones. A las redes sociales. A los algoritmos que saben exactamente a quién mostrar qué anuncio, en qué momento, con qué mensaje.

La paradoja es que la prohibición podría resultar contraproducente. Antes, una persona que caminaba por la calle podía ignorar una marquesina mirando al móvil —y de hecho, eso es exactamente lo que hace la mayoría. Después de la prohibición, esa misma persona encontrará los anuncios de carne directamente en ese móvil que antes usaba para esquivar la publicidad exterior. Con una diferencia crucial: los anuncios en redes sociales son hiperpersonalizados, interactivos y diseñados para generar engagement. Son, en todos los sentidos, más efectivos que una marquesina.

La industria, además, no ha esperado a que la regulación la empuje. Ya lleva años invirtiendo masivamente en redes sociales, en influencers, en contenido patrocinado que no siempre se identifica claramente como publicidad. La prohibición en el espacio físico puede acelerar una migración que ya estaba en marcha.

Una imagen que se lee lo siguiente: Una sociedad que decide que ciertos productos no merecen ser promovidos en el espacio común está diciendo algo sobre sus valores colectivos.

Sí, aunque con matices. Joreintje Mackenbach, profesora asociada de Epidemiología y Ciencia de Datos en el UMC de Ámsterdam, señala que hay evidencias de que este tipo de restricciones puede generar cambios reales de comportamiento. El caso del tabaco es el más estudiado: la prohibición progresiva de la publicidad en distintos países se asoció a reducciones en el consumo, especialmente entre los jóvenes.

Pero la propia Mackenbach reconoce algo importante: incluso si la medida tuviera un impacto limitado en términos de comportamiento, podría tener valor como señal normativa. Una sociedad que decide que ciertos productos no merecen ser promovidos en el espacio común está diciendo algo sobre sus valores colectivos. Y eso, aunque sea simbólico, también importa.

El problema es que «simbólico» no es suficiente cuando hablamos de una crisis climática con plazos concretos y de millones de animales que sufren cada día en granjas industriales.

Foto de cajas de tabaco con sus etiquetados: cáncer de pulmón e infartos

La derecha suele responder a estas medidas con el argumento del libre albedrío: la gente tiene derecho a decidir qué come. Es un argumento que merece ser tomado en serio, pero también respondido con seriedad.

¿Qué tipo de libertad es la de quien decide sin información completa? La publicidad de la industria cárnica muestra vacas felices en prados verdes, familias reunidas alrededor de una barbacoa, productos que evocan tradición y bienestar. No muestra las granjas industriales, las condiciones de vida de los animales, el impacto ambiental de cada filete, ni los antibióticos que se usan de forma masiva y que contribuyen a la resistencia bacteriana.

Si el argumento es la libertad de elección, que sea una elección real. Y para eso hace falta información veraz, completa y visible. El modelo del tabaco vuelve a ser relevante: no solo se prohibió la publicidad, sino que se obligó a incluir advertencias sanitarias con imágenes explícitas en los propios paquetes. El resultado fue una caída sostenida del consumo en todos los países que lo aplicaron.

Aplicar una lógica similar a los productos cárnicos —etiquetado obligatorio con información sobre el impacto ambiental, el bienestar animal y la huella de carbono— sería el complemento lógico y necesario a la prohibición publicitaria. No para manipular, sino para lo contrario: para que la decisión del consumidor sea verdaderamente libre e informada.

La prohibición de publicidad de carne en Ámsterdam es histórica. Merece ser reconocida como lo que es: un primer paso valiente en la dirección correcta, que abre una conversación que el resto de Europa tardará o temprano tendrá que dar.

Pero si se queda ahí, corre el riesgo de convertirse en un gesto bienintencionado que la industria absorbe sin dificultad, simplemente reorientando sus presupuestos hacia canales donde nadie la puede regular todavía, o donde la regulación llega con décadas de retraso.

El camino que ha abierto Ámsterdam necesita continuación: regulación de la publicidad digital, etiquetado honesto, y una conversación pública que no eluda la pregunta de fondo. No se trata de prohibir que la gente coma carne. Se trata de que, si lo hace, lo haga sabiendo exactamente qué está eligiendo.

Eso sí sería libertad.

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Programa EMPATIA EN LA UNIVERSIDAD

Empatía llega a las universidades

Hay una generación de estudiantes preocupada por el trato a los animales. Que se hace preguntas. Que busca coherencia entre lo que piensa y lo que hace. Que intuye que el mundo puede ser diferente y que pueden ser parte de ese cambio.

Para esta generación hemos diseñado nuestro Proyecto Universitario 2026.


Una presencia nueva en el campus

Este año, Empatía estará en las facultades de la Universidad Complutense de Madrid con encuentros, conferencias y conversaciones adaptadas a los intereses y al perfil de cada facultad. Queremos llegar al alumnado con inquietudes, al que ya tiene esa sensibilidad latente y solo necesita un espacio donde desarrollarla.

Nuestra apuesta es acompañar a estos estudiantes, mostrarles que existe un mundo profesional comprometido con la protección animal, y que dedicar su vida a los animales no es solo una vocación, es también una opción de futuro real y transformadora.


El primer paso: Facultad de Ciencias de la Información UCM

LOS ANIMALES en Publicidad conferencia UCM

Comenzamos el lunes 27 de abril con una conferencia que nos llena de orgullo.

Los animales en la publicidad es el título de este primer encuentro. Tendrá lugar en la Sala Svetlana Alexievich de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, el 27 de abril de 2026, de 11:00 a 12:45 horas.

La conferencia contará con dos ponencias:

Estela M. Díaz, profesora e investigadora senior de la Universidad Pontificia Comillas, coordinadora del grupo de investigación ANIMA: Estudios Críticos Multiespecies y coautora del libro Compasión y Especismo, presentará su investigación sobre cómo la industria alimentaria construye su discurso público para naturalizar la explotación animal. A través del análisis de las estrategias retóricas del lobby cárnico en España, Estela desenmascarará los mecanismos con los que la publicidad silencia a los animales como seres sintientes, amplifica una imagen idílica del sector ganadero y distorsiona el debate ético sobre su bienestar. Una investigación rigurosa, incómoda y necesaria.

Silvia Barquero, fundadora de Empatía, autora del libro Animales, la revolución pendiente y con más 25 años de experiencia en la defensa de los animales, cerrará la sesión explorando las salidas profesionales en el ámbito de las organizaciones que trabajan en favor de los animales. Porque la indignación sin dirección nos agota, y hay mucho que hacer con conocimiento, estrategia y compromiso.

La sesión concluirá con media hora de preguntas y debate abierto con los asistentes.


Solo el principio

Esta primera conferencia en Ciencias de la Información es el inicio de un recorrido que continuará a lo largo de 2026 en otras facultades de la Complutense: Educación, Ciencias Políticas y Sociología. Cada una con sus propias voces, sus propios temas, su propio enfoque.

Porque el movimiento animalista necesita renovarse desde dentro. Necesita educadoras, comunicadoras, activistas, legisladoras y pensadoras críticas que lleven esta causa a los espacios donde se toman las decisiones que importan.

Estamos aquí para encontrarlas.

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Televisor con fondo de vegetales

La brecha de representación vegana/vegetariana en la ficción televisión occidental

Millones de personas en la vida real, prácticamente ninguna en pantalla — y cuando aparecen, es para reírse de ellas.

Hay un grupo de personas que vive entre nosotros en números considerables, que toma decisiones cotidianas sobre lo que come, que tiene razones profundas para hacerlo —éticas, medioambientales, de salud— y que, sin embargo, prácticamente no existe en la ficción televisiva occidental. No como protagonista, no como secundario memorable, no como persona que simplemente vive su vida. Hablamos de veganos, vegetarianos y flexitarianos.

Antes de entrar en lo que ocurre en pantalla, vale la pena detenerse en los números reales. A veces olvidamos que detrás de las estadísticas hay personas concretas: compañeros de trabajo, vecinos, familiares.

Según los datos más recientes disponibles —Gallup, la Vegan Society UK, el Eurobarómetro y el Smart Protein Project— la fotografía de la población adulta occidental en 2024–2025 es bastante clara:

Tabla comparativa entre veganos, vegetarianos, flexivegetarianos y personas trans, estimación de población adulta occidental 2024-2025

Esa última fila no está ahí para establecer ningún tipo de jerarquía. Está para dar contexto. Las personas trans son, por fin, visibles en la ficción contemporánea de una forma que hace veinte años era impensable. La comunidad LGBTQ+ lleva décadas luchando por esa visibilidad —con razón, con urgencia— y los resultados se notan. Según el informe anual de GLAAD 2024–25, el porcentaje de personajes trans en series de televisión, aunque todavía insuficiente, ha crecido de forma sostenida.

el porcentaje entre la población adulta occidental vegana o vegetariana es de 7%-14%, no hay representación en la TV

Hablar de «representación en ficción» puede sonar abstracto, así que conviene precisar de qué hablamos. No estamos considerando documentales sobre agricultura industrial ni programas de cocina vegetal, que son una categoría completamente distinta. Hablamos de drama, comedia y thriller mainstream: las series que produce Netflix, HBO, Amazon, la BBC, las cadenas generalistas europeas y australianas. Ficción donde los personajes viven, aman, trabajan y comen.

«La representación no es solo ver tu reflejo en pantalla. Es la señal que la cultura envía sobre quién cuenta y quién no.»

Cuando un personaje come en una serie —y los personajes comen constantemente, es una de las situaciones más comunes en la ficción— casi siempre comen carne, pescado o productos lácteos. No porque el guión lo requiera necesariamente, sino porque esa es la opción por defecto que nadie cuestiona. El veganismo y el vegetarianismo son, en el mejor de los casos, una nota al margen.

Y cuando aparecen, lo hacen de una manera muy específica.

El resultado de una investigación manual en producciones de EE.UU., Europa y Australia lanzadas en 2024–2025 es llamativo: no se ha encontrado ningún ejemplo de personaje vegano, vegetariano o flexitariano con representación positiva y normalizada en ficción scripted mainstream. Lo que sí existe, en cambio, sigue patrones muy reconocibles:

Es el tipo de representación más común. El personaje vegano o vegetariano aparece para ser ridiculizado: es extremista, pesado, moralista, incapaz de relajarse. Su dieta es la fuente del humor. El resto del grupo lo tolera con condescendencia.
El veganismo o vegetarianismo del personaje crea un problema que hay que resolver: no puede comer en la reunión familiar, genera malestar, o —en el arco más frecuente— "aprende" a ser más flexible y acepta comer lo que los demás.
Personajes que estadísticamente deberían ser veganos o vegetarianos —jóvenes urbanos, activistas, profesionales de la salud— que en pantalla comen exactamente igual que todos los demás, sin que su dieta sea mencionada ni tematizada.
Un protagonista o secundario importante cuya dieta forma parte de quién es, sin que sea el objeto del chiste ni el conflicto del episodio. Alguien que pide el menú vegano en un restaurante con la misma naturalidad con que otro pide una cerveza. Eso, en la ficción mainstream de 2024–2025, sencillamente no existe.

Este contraste con otras formas de representación es difícil de ignorar. La orientación sexual de un personaje puede ser parte natural de su identidad sin que toda la trama gire en torno a ella. Lo mismo ocurre con la religión, la clase social o el origen étnico en las ficciones más avanzadas. Pero la dieta basada en plantas —una elección que toman millones de personas cada día por razones que van desde la ética animal hasta el cambio climático, pasando por la salud— permanece invisible o es activamente caricaturizada.

Podría pensarse que la dieta de los personajes de televisión es un detalle menor, casi trivial. Pero la ficción no es solo entretenimiento: es también el espejo en el que una sociedad se ve a sí misma, y el marco que define qué es normal y qué es raro, qué merece respeto y qué merece burla.

Cuando el único vegano en una serie es el personaje molesto que arruina las barbacoas, eso tiene un efecto real sobre cómo se percibe —y cómo se perciben a sí mismas— las personas que han tomado esa decisión. La invisibilidad no es neutral.

El problema del «defecto omnívoro»

En la ficción audiovisual existe algo que podríamos llamar el «defecto omnívoro»: la asunción implícita de que los personajes comen de todo a menos que se especifique lo contrario. Y esa especificación, cuando llega, casi siempre viene cargada de dramatismo o comedia. Nunca de normalidad.

Es un mecanismo muy parecido al que durante décadas hizo que todos los personajes fueran heterosexuales «por defecto». No era una declaración ideológica consciente de los guionistas: era simplemente la inercia cultural, el camino de menor resistencia. Y sabemos lo que costó romperla.

El argumento del espejo

Los datos del Smart Protein Project indican que casi un tercio de la población adulta occidental se identifica como flexitariana: come carne, pero cada vez menos, de forma más consciente. Es una tendencia que crece año tras año. Sin embargo, en la ficción mainstream esta realidad es invisible.

Hay algo paradójico en esto: las mismas plataformas que producen series sobre sostenibilidad, cambio climático y consumo responsable parecen incapaces de integrar ese discurso en la vida cotidiana de sus personajes. Los veganos y vegetarianos de la vida real existen en un mundo donde la ficción los ignora o se ríe de ellos.

Nota metodológica

Este análisis se centra en ficción scripted mainstream (drama, comedia, thriller) producida en EE.UU., Europa y Australia con estreno en 2024–2025. Se excluyen explícitamente los documentales y los programas de cocina, que constituyen una categoría distinta con sus propias dinámicas de representación. La comparación con datos de representación trans utiliza el informe anual de GLAAD 2024–25 como referencia, sin establecer jerarquías entre comunidades ni comparar la naturaleza de los desafíos que enfrentan.

Los datos de población corresponden a estimaciones de adultos en países de Europa Occidental, EE.UU., Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

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Cartel que representa: EL PODER VEGETAL CIENCIA Y SALUD DESDE LA RAÍZ

Las dietas basadas en vegetales son las más saludables, las investigaciones más sólidas lo demuestran

Dibujo representando :EL PODER VEGETAL CIENCIA Y SALUD DESDE LA RAÍZ

Lo que comemos importa, y mucho. Nuestra salud y nuestro bienestar están profundamente ligados a la alimentación que elegimos cada día. No es una idea moderna: ya lo advirtió Hipócrates hace más de dos mil años con su célebre máxima, “Que tu alimento sea tu medicina”. Hoy la ciencia confirma aquellas palabras con una abrumadora cantidad de estudios que señalan en la misma dirección: una dieta basada en vegetales no solo es perfectamente viable, sino que resulta más recomendable para prevenir enfermedades y vivir mejor que aquellas centradas en productos de origen animal.

En la Asociación Empatía, conscientes de que cada vez hay más personas interesadas en cuidar no sólo de su salud, sino interesadas en la protección del medio ambiente y de los animales, compartimos en este artículo una selección de los estudios y revisiones más relevantes y recientes sobre nutrición, que muestran con contundencia algo que la evidencia lleva tiempo apuntando: los beneficios de las dietas veganas y vegetarianas.

Desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó en 2015 la carne procesada como cancerígena y la carne roja como probablemente cancerígena para los seres humanos, se han multiplicado los estudios internacionales que confirman lo que la industria cárnica intenta ocultar con sus potentes campañas de comunicación: comer menos carne y más alimentos de origen vegetal mejora la salud y previene enfermedades graves.

La primera gran referencia es la Academy of Nutrition and Dietetics -la institución más prestigiosa y reconocida del mundo en el ámbito de la nutrición- que en su documento de posición “Vegetarian Dietary Patterns for Adults: A Position Paper of the Academy of Nutrition and Dietetics” “Patrones dietéticos vegetarianos para adultos: documento de posición de la Academia de Nutrición y Dietética”  concluye que las dietas vegetarianas y veganas, bien planificadas, son saludables y adecuadas en todas las etapas de la vida. Además, ofrecen beneficios concretos en la prevención y el tratamiento de enfermedades como la diabetes tipo 2, la hipertensión o algunos tipos de cáncer.

Dos de los proyectos más sólidos en este campo son el Adventist Health Study-2 y el EPIC-Oxford Study. Una revisión conjunta de ambas cohortes, “Health and sustainability outcomes of vegetarian dietary patterns: a review of the EPIC-Oxford and Adventist Health Study-2 cohorts”, Resultados de salud y sostenibilidad de los patrones alimentarios vegetarianos: una revisión de las cohortes EPIC-Oxford y Adventist Health Study-2 muestra que hombres y mujeres jóvenes que siguieron una dieta vegana durante el estudio, presentan menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y obesidad, además de un índice de masa corporal más bajo y un patrón de consumo más sostenible.

El EPIC-Oxford Study es un estudio de cohorte, lo que significa que se ha seguido durante años a un gran grupo de personas —en este caso, 31.546 vegetarianos y veganos y 33.883 omnívoros en el Reino Unido— para observar cómo su alimentación influye en la aparición de enfermedades. Los investigadores fueron observando qué enfermedades desarrollaban (cáncer, diabetes, cardiopatía, etc.) y compararon los resultados entre los diferentes grupos. Este tipo de investigación es muy valiosa porque permite detectar patrones de salud a largo plazo en la vida real, más allá de los ensayos de laboratorio.

Una revisión exhaustiva titulada “Vegan diet: nutritional components, implementation, and health effects in adults” Dieta vegana: componentes nutricionales, implementación y efectos en la salud del adulto, confirma que una dieta vegana bien planificada cubre todas las necesidades nutricionales y se asocia con menor riesgo de hipertensión, obesidad y diabetes. También se observan beneficios en la reducción de la inflamación crónica y la mejora de la salud intestinal.

Por otra parte, un ensayo clínico muy interesante desmonta el mito de que la proteína animal es indispensable para desarrollar masa muscular. El estudio “Impact of vegan diets on exercise-induced myofibrillar protein synthesis in young healthy adults: a randomized controlled trial” Impacto de las dietas veganas en la síntesis de proteínas miofibrilares mediada por ejercicios de resistencia en hombres y mujeres jóvenes sanos: un ensayo controlado aleatorizado demostró que hombres y mujeres jóvenes veganos obtuvieron los mismos resultados en fuerza y musculatura que quienes consumieron proteína animal tras un programa de entrenamiento.

La relación entre dieta y salud cardiovascular o cáncer ha sido analizada en múltiples trabajos. Una revisión de 49 estudios, “Cardiovascular health and cancer risk associated with plant-based diets: an umbrella review” Salud cardiovascular y riesgo de cáncer asociados con dietas basadas en plantas: una revisión general, concluye que las dietas basadas en vegetales reducen el riesgo de cardiopatía isquémica y de cáncer colorrectal y de próstata.

A su vez, la revisión “Vegetarian dietary patterns and cardiovascular disease risk factors and prevention: an umbrella review of systematic reviews” Patrones dietéticos vegetarianos y factores de riesgo cardiovascular y prevención de enfermedades: una revisión general de revisiones sistemáticas, confirma de manera consistente que las personas vegetarianas y veganas tienen niveles más bajos de colesterol total y LDL, reduciendo así el riesgo cardiovascular.

Una revisión sistemática recopila y analiza críticamente todos los estudios disponibles sobre un tema para ofrecer una visión global y estructurada del conocimiento. Un metaanálisis, en cambio, va un paso más allá: combina de forma estadística los resultados numéricos de esos estudios, logrando una conclusión cuantitativa mucho más sólida y precisa. Por eso, en nutrición y medicina, los metaanálisis se consideran uno de los niveles más altos de evidencia científica.

Los metaanálisis más recientes son igualmente concluyentes. En “Vegetarian or vegan diets and blood lipids: a meta-analysis of randomized controlled trials” Dietas vegetarianas o veganas y lípidos sanguíneos: un metaanálisis de ensayos aleatorios y “Effects of vegetarian diets on blood lipids: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials” Efectos de las dietas vegetarianas sobre los lípidos sanguíneos: una revisión sistemática y un metaanálisis de ensayos controlados aleatorios se observa que las dietas vegetarianas y veganas reducen de manera significativa el colesterol total y LDL, lo que implica directamente una disminución del riesgo de infarto o ictus.

CONCLUSIÓN 

La evidencia científica más sólida y libre de conflictos de intereses apunta en una misma dirección: la carne no es necesaria para la salud humana. Por el contrario, las dietas basadas en vegetales aportan beneficios claros y comprobados en la prevención de enfermedades crónicas, en la mejora de la salud cardiovascular y metabólica, y en la sostenibilidad ambiental.

Es cierto que existen estudios que señalan beneficios del consumo de carne en contextos muy específicos, como poblaciones con mayores necesidades nutricionales o situaciones de dieta muy restrictiva. Sin embargo, son investigaciones más limitadas y menos consistentes que las grandes cohortes y metaanálisis que respaldan las dietas vegetarianas y veganas. Además, los nutrientes que la carne aporta en estos casos —como hierro, zinc o vitamina B₁₂— pueden obtenerse perfectamente a través de fuentes vegetales bien planificadas o de suplementos adecuados.

La ciencia lo confirma aunque la industria cárnica intente sembrar dudas con estudios financiados y campañas millonarias de marketing: las revisiones independientes y los organismos de mayor prestigio confirman con rotundidad que una alimentación vegana o vegetariana no solo es segura, sino que es recomendable para vivir más y mejor, al tiempo que respeta a los animales y protege el planeta.

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Dibujo de un marioneta controlando medios, dinero, política, con un cerdo y gallina como centro

La manipulación de la industria cárnica

Foto: la manipulación de la industria cárnica

En 2019 ocurrió algo inusual: un estudio científico provocó una reacción política global, que tiene repercusiones hasta el día de hoy.

El informe EAT-Lancet —el estudio científico más ambicioso sobre el impacto de la alimentación en la salud y en el planeta— presentaba conclusiones contundentes: para reducir enfermedades, proteger los ecosistemas y frenar la crisis climática era necesario disminuir el consumo de carne y aumentar el de alimentos de origen vegetal. El estudio no hablaba de prohibiciones ni de imposiciones; simplemente mostraba, con evidencia, que una dieta con más legumbres, verduras y frutas y menos productos animales generaría enormes beneficios para la salud pública y el medio ambiente.

Sin embargo, la publicación no se encontró con un debate científico normal, sino con una campaña organizada para desacreditarla. Una investigación independiente de la organización Changing Markets Foundation reveló que la industria cárnica, junto con agencias de relaciones públicas, influencers, periodistas favorables al sector y grupos de presión, activó con antelación una estrategia coordinada para sembrar dudas, ridiculizar el informe y presentarlo como una amenaza a la libertad de consumir carne. Se crearon hashtags, se financiaron campañas digitales, se generaron artículos de opinión y se amplificaron voces supuestamente independientes para fabricar la apariencia de rechazo social. Esa maquinaria de lobby consiguió incluso que se cancelara una conferencia vinculada a la Organización Mundial de la Salud por temor a la presión industrial.

Hoy el escenario vuelve a repetirse. La actualización del informe en 2025 reafirma la misma conclusión: reducir el consumo de carne es necesario para la salud humana y la estabilidad del planeta. Y todo indica que la reacción de la industria también será la misma.

Se ha abierto una guerra por el relato: quién define qué es normal comer, qué se considera saludable y qué ideas llegan a la sociedad.

No se trata de una discusión espontánea entre posturas diferentes, sino de una estrategia profesionalizada cuyo objetivo es proteger los intereses económicos de un sector que está secuestrando el debate a través de campañas organizadas confundiendo a la ciudadanía sobre el trato que reciben los animales explotados por la industria, sobre la salud pública y las consecuencias medio ambientales de la industria cárnica. 

La situación en España

cartel que pone: hazte vaquero (incentivar la carne española en Europa)

Por supuesto, la onda expansiva de esta estrategia ha llegado a España: 

Las organizaciones interprofesionales Asici, Avianza, Intercun, Interovic, Interporc y Provacuno, que ya de por sí ejercían una importante labor de influencia cada una en su sector de explotación animal, constituyen desde el 2022 el Foro Ganadero Cárnico, la plataforma más activa en España.  Su más reciente actuación fueron las jornadas organizadas en el Congreso de los Diputados, donde reclamaron la ayuda del poder legislativo para comunicar a la sociedad “la realidad” de su actividad y legislar en su favor. 

Además, han ido extendiendo sus tentáculos incluso en la Federación Española de Municipios, creando la Red Ganadero-Cárnica convirtiéndola en un instrumento clave del lobby cárnico: a través de acuerdos con ayuntamientos, impulsa la idea de que criticar la ganadería industrial equivale a atacar al medio rural y al empleo. Presentada como defensa institucional del territorio, en realidad opera como altavoz local de los intereses de la industria, trasladando su narrativa a la agenda municipal y blindando el modelo de producción animal intensiva frente a cualquier cuestionamiento social o ambiental.

Por otra parte, en enero de 2025  se creó  la nueva Cátedra UCAM – PROVACUNO “Proteína Animal, Nutrición y Salud” entre la Universidad Católica de Murcia, que se viene a sumar a la Cátedra Carne y Salud de la Universidad de Barcelona, buscando el sello de legitimidad académica a su mensaje de que la carne es “saludable y necesaria”.

Y paralelamente, diversos análisis recientes han demostrado que los estudios financiados por la industria cárnica tienden a producir resultados “neutros” o “favorables” al consumo de carne, mientras que la investigación independiente señala efectos perjudiciales para la salud. El nutricionista e investigador español Miguel López Moreno ha documentado que estos estudios sesgados no solo influyen en las conclusiones, sino también en las preguntas de investigación y en el diseño experimental, generando confusión en la ciudadanía y frenando cambios en políticas alimentarias.

Continuando con una estrategia clara y definida, la industria puso en marcha en 2024 un plan conjunto con el Foro Ganadero Cárnico llamado “El Sentido de la Carne”. Se define como un proyecto que une “a todos los eslabones de la cadena de valor” para “poner en valor el placer de consumir carne” y trasladar sus “beneficios y aportaciones”. En 2025 ya cuenta con unas 160 entidades adheridas. 

Alineada con European Livestock Voice, nos encontramos además con la plataforma Realidad Ganadera, concebida para contrarrestar el creciente cuestionamiento social a la carne y a la ganadería industrial. Con una estética moderna, vídeos, infografías y argumentarios descargables, presenta al sector como esencial para la economía, la soberanía alimentaria y la protección del medio rural, mientras minimiza el impacto climático, sanitario y de bienestar animal del modelo productivo actual. Para reforzar su credibilidad, incorpora veterinarios, nutricionistas y académicos afines como portavoces expertos en medios y eventos. 

El poder económico de la industria ganadera explica buena parte de la capacidad de influencia política y mediática del sector. La Unión Europea es una de las grandes potencias mundiales de la cría y sacrificio de cerdos y España se ha convertido en su principal exportador, con China como mercado estratégico. Solo en 2024 el país asiático importó alrededor de 540.000 toneladas de carne de cerdo española por valor superior a 1.097 millones de euros, cerca de una quinta parte de las ventas exteriores del sector. 

Esta dependencia comercial se ha reforzado mediante acuerdos bilaterales firmados por el Gobierno español en visitas oficiales a China a las que ha acudido personalmente el presidente de gobierno y el ministro de agricultura  —incluyendo en dichos acuerdos, el protocolo sanitario de regionalización frente a la peste porcina africana justo antes de que se desatara el brote en Cataluña— cuyo objetivo es garantizar que, incluso ante brotes, las exportaciones continúen desde las zonas no afectadas. 

La escala productiva necesaria para sostener este modelo queda reflejada en infraestructuras como el macromatadero de Binéfar (Huesca), uno de los mayores de Europa, con capacidad para sacrificar la friolera de 160.000 cerdos a la semana —más de 22.000 al día— orientados en gran parte al mercado internacional. 

El análisis de las iniciativas impulsadas por la industria ganadera en España demuestra una estrategia deliberada para acaparar el marco del discurso en torno a la carne y definir qué puede y no puede decirse sobre ella en el espacio público. De modo que tienen una clara línea de acción: 

  • Ocupación del espacio académico: la industria asegura su presencia en universidades mediante cátedras financiadas, convenios y “investigación aplicada”, con el objetivo de presentar la carne como alimento saludable e imprescindible, desdibujando su papel real en la dieta mediterránea.
  • Control de voces expertas: se financian publicaciones, informes y la participación de veterinarios, médicos y nutricionistas afines para trasladar a medios y eventos científicos la idea de que la carne forma parte de una dieta equilibrada y de un estilo de vida saludable.
  • Normalización del placer de comer carne: campañas emocionales como “El sentido de la carne” buscan asociar el consumo de productos animales a disfrute, identidad y tradición, generando una defensa cultural del consumo más allá de argumentos éticos, nutricionales o económicos.
  • Monopolización del relato sobre el medio rural: a través de la Red Ganadero-Cárnica de la FEMP, se traslada a los ayuntamientos la narrativa de que la crítica a la ganadería industrial equivale a atacar al empleo rural y a la supervivencia de los pueblos.
  • Blindaje frente al cuestionamiento social: la industria desplaza el debate desde el bienestar animal, la crisis climática o la salud pública hacia identidades emocionales (tradición, cultura, territorio), con el fin de desactivar propuestas de reducción del consumo de carne.
Cartel publicitario que dice: "More doctors smoke Camels"

En conclusión, la industria ganadera está tremendamente coordinada y alineada con organizaciones internacionales, de las que sigue una pauta común. Su estrategia se basa en reproducir patrones ya utilizados por la industria del tabaco: creación de cátedras, plataformas y entidades supuestamente técnicas o científicas para moldear la opinión pública; financiación de estudios sesgados; campañas mediáticas de greenwashing y healthwashing; y presión institucional para frenar cualquier regulación que limite su actividad.

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Pepa, la cierva de León

Actualizando sobre Pepa

La vida de la cierva Pepa sigue pendiendo de un hilo. Tras meses de lucha y un silencio administrativo insoportable, es hora de actuar. Si quieres acompañarnos, este jueves 12 de febrero en Valladolid.

Desde que la historia de Pepa y Javi saltó a la luz, miles de corazones se han conmovido con el vínculo único entre este vecino de La Vecilla (León) y la cierva que rescató y crió como a un miembro más de su familia. Lo que comenzó como un acto de humanidad se ha convertido en una pesadilla burocrática.

Para quienes no conozcáis toda la historia, Javi salvó a Pepa cuando era apenas un rastro de vida. Desde entonces, han sido inseparables. Sin embargo, la normativa actual no contempla este tipo de vínculos y la administración ha puesto el ojo sobre ella.

Hasta el momento, la Junta de Castilla y León ha exigido que Pepa sea sometida a una cuarentena para realizarle pruebas sanitarias. El riesgo es máximo: si Pepa diera positivo en alguna de estas pruebas, el protocolo dicta su sacrificio inmediato, sin posibilidad de tratamiento o aislamiento alternativo en un entorno seguro como un santuario.

Desde la Asociación Empatía hemos mantenido contacto directo con el departamento de Patrimonio Natural de Caza de León, quienes gestionan el caso. Lamentablemente, la respuesta ha sido la opacidad absoluta.

  • Cero transparencia: No nos informan sobre el destino de Pepa.
  • Incertidumbre total: No sabemos si pretenden trasladarla a un museo, si permitirán que regrese con Javi bajo condiciones especiales, o si finalmente autorizarán su traslado a un santuario de animales.
  • Sin respuesta: No nos responden. Llevamos más de un mes de silencio administrativo mientras el tiempo se agota para Pepa.

No podemos permitir que el destino de un ser sintiente se decida en despachos cerrados y sin dar explicaciones a la ciudadanía que clama por su bienestar. Basta ya de que no nos escuchen.

Ha llegado el momento de que escuchen nuestras voces. No vamos a dejar que Pepa se convierta en un número de expediente más.

  • ¿CUÁNDO? Este jueves, 12 de febrero a las 12:00 horas.
  • ¿DÓNDE? C/ Rigoberto Cortejoso, 14. C.P.: 47014, Valladolid. Dirección General de Patrimonio Natural y Política Forestal (Junta de Castilla y León).

¿Qué puedes hacer tú?

  1. FIRMA: Si aún no lo has hecho, firma la petición oficial para que no separen a Pepa de Javi: Enlace a la petición
  2. COMPARTE: Difunde esta noticia en tus redes sociales. Cuantos más seamos, más difícil les será ignorarnos.
  3. Si quieres, ACUDE: Tu presencia es nos ayudará para presionar a las autoridades.

Por Pepa y por un trato digno a los animales.

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Foto de perro ahogado

Cuando encadenar significa asesinar

Estos días hemos visto imágenes muy duras por la borrasca Marta que ha arrasado con Andalucía. Muchas familias han perdido su casa y algunos por desgracia han perdido su vida.

También hemos podido ver como tantos trabajadores y voluntarios han salido a ayudar, no solo a personas, sino también a los animales que se encontraban en una situación extrema de vida o muerte. Eterno agradecimiento para aquellas personas, trabajadoras y voluntarias, por lo que han hecho y hacen por los animales.

Por desgracia, no todos nos preocupamos por los animales, y muchos acaban muriendo por culpa de la negligencia y falta de empatía de algunos humanos.

Esto es lo que ha ocurrido este fin de semana en Arcos de la Frontera. Tres perros han sido asesinados porque su dueña los tenía encadenados. También muchas gallinas han aparecido muertas. No se preocupó por ellos. No lo digo yo, lo dice ella, en el vídeo a continuación, podéis oír como los llama «mierda de perro», ya que a ella sólo le preocupa su casa, y no la vida de los perros que tenía a su «cuidado», encadenados.

El vídeo es muy duro.

En empatía lo tenemos claro, encadenar a un perro de forma permanente no es la solución en ningún caso. Está prohibido por ley. Tenemos que luchar para que deje de ser una práctica habitual, y las personas que lo hagan, paguen por ello.

Si conoces de algún caso, desde aquí te ayudamos: denuncia.

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imagen de petardos con el síbolo de prohibición encima

Pirotecnia y celebraciones públicas: cuando la ley también exige empatía

Perro asustado por los petardos

Cada año, la pirotecnia se presenta como un elemento incuestionable de las celebraciones públicas. Sin embargo, desde el punto de vista legal, los fuegos artificiales no son un derecho fundamental, sino una actividad autorizada que puede —y debe— limitarse cuando entra en conflicto con otros bienes jurídicos protegidos.

Y ese conflicto existe.

Desde la reforma del Código Civil, los animales han dejado de ser considerados cosas para ser reconocidos como seres sintientes. Este cambio no es simbólico: implica una obligación clara para las administraciones públicas de evitar sufrimiento evitable. El estrés extremo que provocan los petardos en animales domésticos y fauna urbana no es una hipótesis, sino un hecho documentado, previsible y reiterado cada año.

A esto se suma la afectación directa a personas vulnerables. El ruido intenso y repentino constituye una auténtica barrera sensorial para personas con trastornos del espectro autista, hipersensibilidad sensorial, ansiedad o estrés postraumático. Las celebraciones institucionales, financiadas y promovidas por las administraciones, no pueden excluir de facto a una parte de la población sin vulnerar el principio de accesibilidad y no discriminación.

imagen de petardos con el síbolo de prohibición encima

Desde el Derecho Administrativo, cualquier decisión pública debe superar el principio de proporcionalidad: la medida debe ser necesaria, adecuada y equilibrada. La pirotecnia no supera este test cuando existen alternativas festivas —espectáculos de luz, música o proyecciones— que permiten celebrar sin causar daño.

Además, existen precedentes claros. En 2022, la ciudad británica de Scarborough canceló los fuegos artificiales de Año Nuevo tras el asesoramiento de expertos en vida silvestre, para proteger a una morsa en migración. La decisión fue legal, viable y socialmente asumida. No se eliminó la celebración; se eliminó el daño innecesario.

La pregunta, por tanto, no es si se puede limitar la pirotecnia desde la ley.
La pregunta es por qué, con el conocimiento y las herramientas jurídicas disponibles, se sigue eligiendo no hacerlo.

Celebrar sin causar sufrimiento no es radical.
Es coherente con la ley, con la ética y con una sociedad que dice avanzar en empatía.

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Andoni y jabato

La empatía de Andoni

Esta mañana he tenido el placer de hacer una entrevista a Andoni, agente forestal que lleva más de cuarenta años luchando por los animales, y que a día de hoy, jubilado y con cuatro nietos, sigue ayudando por toda España, ya sea asesorando, o personándose él mismo siempre que le sea posible.

Cuarenta años son muchos años para estar detrás de esta lucha. Para aquellos que llevamos tiempo en esto, sabemos lo difícil, lo frustrante y lo duro que resulta. ¿Cómo lo ha gestionado Andoni? Pues a veces mal, a veces mejor, pero nunca se ha rendido, siempre con el apoyo de su familia y a veces con apoyo médico, ha seguido sin mirar atrás, sin arrepentirse de nada. Porque algo está claro, si hay un animal que salvar, Andoni no lo duda, Andoni está ahí.

La realidad del trabajo en el campo: una realidad agridulce

Cuando habla de los animales, a Andoni se le nota algo que no se enseña en ninguna academia forestal: una empatía sincera y sin artificio hacia cada individuo. No describe “fauna salvaje”, sino historias concretas. Historias bonitas, como la cigüeña bebé que salvó o el jabalí bebé que rescató y le devolvió la libertad. Historias terribles, como cachorros asesinados a porrazos, o perros ahorcados. En su trabajo como guarda forestal, Andoni ha sido testigo de la violencia ilegal y la legal que sufren los animales en el medio rural. Y, sin embargo, no ha respondido con resignación, sino con resistencia ética.

Obstáculos legales y adminsitrativos

La ley española reconoce a los animales como seres sintientes, pero esa protección se diluye cuando entra en conflicto con otros intereses: la caza, la ganadería o las competencias fragmentadas entre administraciones. Andoni conoce mejor que nadie esas grietas.

En su día a día se enfrenta a una paradoja: tiene la obligación profesional de proteger a la fauna, pero a menudo carece de herramientas legales para actuar frente a prácticas toleradas durante décadas. Desde perros encerrados permanentemente hasta animales silvestres heridos por armas de caza, sus informes pueden quedar detenidos en un laberinto burocrático donde nadie asume responsabilidades, donde el amiguismo está a la orden del día: que los jueces bajen las penas para que tu vecino no vaya a la cárcel o directamente archivar el caso, por “colegueo” y no responsabilizar por asesinar a un perro, aún habiendo admitido el mismo denunciado “que el perro ya no le valía y su amigo le pegó un tiro”. 

Cómo él mismo comenta durante la entrevista: “Una vida de un animal, que es una vida, tiene sentimientos, tiene sentidos, sufre, se ríe, disfruta, juega y pasa sus enfermedades…Que venga una persona con esta mala saña y lo abandone o directamente lo mate… y que haya alguien que esté en sus manos castigarlo… y no lo haga, y se vaya de rositas, y que ése tío luego se ría de tí a la cara… Qué injusticia.”

Pese a ello, llama a la puerta que haga falta: ayuntamientos, seprona, fiscalías ambientales, veterinarios comarcales. Su resistencia consiste en insistir hasta desgastar al silencio.

Esta lucha desde dentro revela el problema estructural: quien quiere proteger a los animales muchas veces depende de cargos públicos que no hacen su trabajo. 

Ciervo decapitado

Convivencia con la ciudadanía, ganaderos y cazadores

El territorio rural no es un espacio neutral: está atravesado por intereses económicos, tradiciones muy arraigadas y una forma de entender la naturaleza donde los animales son recursos o herramientas. Andoni ha aprendido que convivir con la ciudadanía, los ganaderos y los cazadores implica moverse en ese equilibrio frágil. Pero su trabajo no es diplomático: es legal y ético. Ahí aparecen los conflictos.

Su defensa de los animales —especialmente cuando implica denunciar prácticas ilegales o maltrato— no siempre se recibe con diálogo. Hay sectores de la ganadería y la caza que perciben cualquier intervención como una invasión o una amenaza a su modo de vida, aunque aquello que denuncia Andoni esté prohibido por ley o suponga un sufrimiento evidente para los animales.

Ese choque ha tenido consecuencias personales: amenazas directas, presiones, campañas de desprestigio y un clima de intimidación permanente. A veces son mensajes anónimos; otras, presiones para que cierre expedientes, insinuaciones sobre represalias, o la sensación de que “no conviene” remover ciertos asuntos. No se trata de discrepancias, sino de un ejercicio de poder histórico: quien controla el territorio intenta imponer silencio. Directamente Andoni tiene varias amenazas de muerte por algunos cazadores. 

Aun así, Andoni no ha retrocedido. Entiende que su responsabilidad como agente público no es agradar, sino proteger.

Para Andoni, la convivencia real no se basa en la omisión, sino en poner límites donde empieza el daño a los animales, aunque eso signifique soportar presiones y amenazas de muerte. 

Hay algo que está claro, si Andoni recibe presiones y amenazas por aquellos que maltratan a los animales, algo está haciendo bien. 

Imagen de amenaza hacia Andoni, rifle apuntando a Andoni

Empatía, ética animal y resistencia

A Andoni no lo mueve un discurso ideológico abstracto. Lo mueve algo más simple y más radical: la capacidad de sentir lo que siente un animal. Esa mirada hace que sus decisiones sean incómodas para quienes esperan una simple gestión de recursos naturales.

Su ética nace de las historias que carga en la memoria: animales que ha rescatado, otros que no llegó a tiempo, y los que vio morir por decisiones humanas que se consideran “normales” en el campo.

Esa experiencia moldea una forma de resistencia silenciosa: informar, documentar, denunciar, acompañar; sostener la dignidad de los animales incluso cuando nadie mira. Su empatía no es emocionalismo; es política práctica, aplicada desde dentro.

Hace unos meses le llamaron para salvar a unas jabalinas que se encontraban en una balsa atrapadas. Intentó sacarlas con una cuerda y con la ayuda de dos chicos que trabajan ahí. La jabalina, asustada, le pegó un buen “rapapolvo”,  le costó dos mordiscos y un esguince. A día de hoy sigue con la zona del muslo donde le mordieron acartonado. 

Todo esto fue grabado por uno de los trabajadores, y Andoni tuvo que aguantar que desde la diputación, el cargo político de medio ambiente le llamara loco y muchas cosas más ya que según él, debería de haber matado a las jabalinas, aún sabiendo que la responsabilidad de un guarda forestal implica velar por el bienestar animal y, en caso necesario, intervenir para su protección.

Andoni salvando un ave

Final de la entrevista

Andoni demuestra que la defensa de los animales no empieza en grandes despachos, sino en decisiones cotidianas: detener el coche, levantar un teléfono, escribir un informe que quizá nadie leerá. Su empatía no es perfecta, ni busca serlo; es coherencia aplicada, una resistencia discreta pero férrea frente a un sistema que aún trata a los animales como recursos.

Frente a quienes dicen que no se puede hacer nada, él muestra lo contrario: sí se puede, aunque cueste, aunque no se vea, aunque no se aplauda. 

En la entrevista agradece expresamente a todas las personas que intervienen para salvar un animal, que avisan cuando ven un caso de maltrato o que simplemente ofrecen agua a un animal herido. No romantiza la causa: entiende que proteger a los animales es un esfuerzo colectivo, muchas veces silencioso, y se esfuerza en devolver ese apoyo.

Su forma de hacerlo es tan sencilla como radical: deja su número de teléfono y su dirección de correo para quien necesite ayuda. Lo dice sin grandilocuencia, con naturalidad: si alguien encuentra un animal herido o no sabe qué hacer, puede contar con él. Esa disponibilidad rompe el muro institucional y convierte la empatía en un canal directo de acción.

Por último Andoni se dirige a los animales, lo hace con sencillez, sin dramatismo, como quien habla con aquellos a quienes respeta:

“Ha sido un placer conoceros, gracias por todo. Aguantad.”

Entrevsita a Andoni Díaz Blanco realizada por Donna Ratier-Kimberley

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