Televisor con fondo de vegetales

La brecha de representación vegana/vegetariana en la ficción televisión occidental

Millones de personas en la vida real, prácticamente ninguna en pantalla — y cuando aparecen, es para reírse de ellas.

Hay un grupo de personas que vive entre nosotros en números considerables, que toma decisiones cotidianas sobre lo que come, que tiene razones profundas para hacerlo —éticas, medioambientales, de salud— y que, sin embargo, prácticamente no existe en la ficción televisiva occidental. No como protagonista, no como secundario memorable, no como persona que simplemente vive su vida. Hablamos de veganos, vegetarianos y flexitarianos.

Antes de entrar en lo que ocurre en pantalla, vale la pena detenerse en los números reales. A veces olvidamos que detrás de las estadísticas hay personas concretas: compañeros de trabajo, vecinos, familiares.

Según los datos más recientes disponibles —Gallup, la Vegan Society UK, el Eurobarómetro y el Smart Protein Project— la fotografía de la población adulta occidental en 2024–2025 es bastante clara:

Tabla comparativa entre veganos, vegetarianos, flexivegetarianos y personas trans, estimación de población adulta occidental 2024-2025

Esa última fila no está ahí para establecer ningún tipo de jerarquía. Está para dar contexto. Las personas trans son, por fin, visibles en la ficción contemporánea de una forma que hace veinte años era impensable. La comunidad LGBTQ+ lleva décadas luchando por esa visibilidad —con razón, con urgencia— y los resultados se notan. Según el informe anual de GLAAD 2024–25, el porcentaje de personajes trans en series de televisión, aunque todavía insuficiente, ha crecido de forma sostenida.

el porcentaje entre la población adulta occidental vegana o vegetariana es de 7%-14%, no hay representación en la TV

Hablar de «representación en ficción» puede sonar abstracto, así que conviene precisar de qué hablamos. No estamos considerando documentales sobre agricultura industrial ni programas de cocina vegetal, que son una categoría completamente distinta. Hablamos de drama, comedia y thriller mainstream: las series que produce Netflix, HBO, Amazon, la BBC, las cadenas generalistas europeas y australianas. Ficción donde los personajes viven, aman, trabajan y comen.

«La representación no es solo ver tu reflejo en pantalla. Es la señal que la cultura envía sobre quién cuenta y quién no.»

Cuando un personaje come en una serie —y los personajes comen constantemente, es una de las situaciones más comunes en la ficción— casi siempre comen carne, pescado o productos lácteos. No porque el guión lo requiera necesariamente, sino porque esa es la opción por defecto que nadie cuestiona. El veganismo y el vegetarianismo son, en el mejor de los casos, una nota al margen.

Y cuando aparecen, lo hacen de una manera muy específica.

El resultado de una investigación manual en producciones de EE.UU., Europa y Australia lanzadas en 2024–2025 es llamativo: no se ha encontrado ningún ejemplo de personaje vegano, vegetariano o flexitariano con representación positiva y normalizada en ficción scripted mainstream. Lo que sí existe, en cambio, sigue patrones muy reconocibles:

Es el tipo de representación más común. El personaje vegano o vegetariano aparece para ser ridiculizado: es extremista, pesado, moralista, incapaz de relajarse. Su dieta es la fuente del humor. El resto del grupo lo tolera con condescendencia.
El veganismo o vegetarianismo del personaje crea un problema que hay que resolver: no puede comer en la reunión familiar, genera malestar, o —en el arco más frecuente— "aprende" a ser más flexible y acepta comer lo que los demás.
Personajes que estadísticamente deberían ser veganos o vegetarianos —jóvenes urbanos, activistas, profesionales de la salud— que en pantalla comen exactamente igual que todos los demás, sin que su dieta sea mencionada ni tematizada.
Un protagonista o secundario importante cuya dieta forma parte de quién es, sin que sea el objeto del chiste ni el conflicto del episodio. Alguien que pide el menú vegano en un restaurante con la misma naturalidad con que otro pide una cerveza. Eso, en la ficción mainstream de 2024–2025, sencillamente no existe.

Este contraste con otras formas de representación es difícil de ignorar. La orientación sexual de un personaje puede ser parte natural de su identidad sin que toda la trama gire en torno a ella. Lo mismo ocurre con la religión, la clase social o el origen étnico en las ficciones más avanzadas. Pero la dieta basada en plantas —una elección que toman millones de personas cada día por razones que van desde la ética animal hasta el cambio climático, pasando por la salud— permanece invisible o es activamente caricaturizada.

Podría pensarse que la dieta de los personajes de televisión es un detalle menor, casi trivial. Pero la ficción no es solo entretenimiento: es también el espejo en el que una sociedad se ve a sí misma, y el marco que define qué es normal y qué es raro, qué merece respeto y qué merece burla.

Cuando el único vegano en una serie es el personaje molesto que arruina las barbacoas, eso tiene un efecto real sobre cómo se percibe —y cómo se perciben a sí mismas— las personas que han tomado esa decisión. La invisibilidad no es neutral.

El problema del «defecto omnívoro»

En la ficción audiovisual existe algo que podríamos llamar el «defecto omnívoro»: la asunción implícita de que los personajes comen de todo a menos que se especifique lo contrario. Y esa especificación, cuando llega, casi siempre viene cargada de dramatismo o comedia. Nunca de normalidad.

Es un mecanismo muy parecido al que durante décadas hizo que todos los personajes fueran heterosexuales «por defecto». No era una declaración ideológica consciente de los guionistas: era simplemente la inercia cultural, el camino de menor resistencia. Y sabemos lo que costó romperla.

El argumento del espejo

Los datos del Smart Protein Project indican que casi un tercio de la población adulta occidental se identifica como flexitariana: come carne, pero cada vez menos, de forma más consciente. Es una tendencia que crece año tras año. Sin embargo, en la ficción mainstream esta realidad es invisible.

Hay algo paradójico en esto: las mismas plataformas que producen series sobre sostenibilidad, cambio climático y consumo responsable parecen incapaces de integrar ese discurso en la vida cotidiana de sus personajes. Los veganos y vegetarianos de la vida real existen en un mundo donde la ficción los ignora o se ríe de ellos.

Nota metodológica

Este análisis se centra en ficción scripted mainstream (drama, comedia, thriller) producida en EE.UU., Europa y Australia con estreno en 2024–2025. Se excluyen explícitamente los documentales y los programas de cocina, que constituyen una categoría distinta con sus propias dinámicas de representación. La comparación con datos de representación trans utiliza el informe anual de GLAAD 2024–25 como referencia, sin establecer jerarquías entre comunidades ni comparar la naturaleza de los desafíos que enfrentan.

Los datos de población corresponden a estimaciones de adultos en países de Europa Occidental, EE.UU., Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

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Cartel que representa: EL PODER VEGETAL CIENCIA Y SALUD DESDE LA RAÍZ

Las dietas basadas en vegetales son las más saludables, las investigaciones más sólidas lo demuestran

Dibujo representando :EL PODER VEGETAL CIENCIA Y SALUD DESDE LA RAÍZ

Lo que comemos importa, y mucho. Nuestra salud y nuestro bienestar están profundamente ligados a la alimentación que elegimos cada día. No es una idea moderna: ya lo advirtió Hipócrates hace más de dos mil años con su célebre máxima, “Que tu alimento sea tu medicina”. Hoy la ciencia confirma aquellas palabras con una abrumadora cantidad de estudios que señalan en la misma dirección: una dieta basada en vegetales no solo es perfectamente viable, sino que resulta más recomendable para prevenir enfermedades y vivir mejor que aquellas centradas en productos de origen animal.

En la Asociación Empatía, conscientes de que cada vez hay más personas interesadas en cuidar no sólo de su salud, sino interesadas en la protección del medio ambiente y de los animales, compartimos en este artículo una selección de los estudios y revisiones más relevantes y recientes sobre nutrición, que muestran con contundencia algo que la evidencia lleva tiempo apuntando: los beneficios de las dietas veganas y vegetarianas.

Desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó en 2015 la carne procesada como cancerígena y la carne roja como probablemente cancerígena para los seres humanos, se han multiplicado los estudios internacionales que confirman lo que la industria cárnica intenta ocultar con sus potentes campañas de comunicación: comer menos carne y más alimentos de origen vegetal mejora la salud y previene enfermedades graves.

La primera gran referencia es la Academy of Nutrition and Dietetics -la institución más prestigiosa y reconocida del mundo en el ámbito de la nutrición- que en su documento de posición “Vegetarian Dietary Patterns for Adults: A Position Paper of the Academy of Nutrition and Dietetics” “Patrones dietéticos vegetarianos para adultos: documento de posición de la Academia de Nutrición y Dietética”  concluye que las dietas vegetarianas y veganas, bien planificadas, son saludables y adecuadas en todas las etapas de la vida. Además, ofrecen beneficios concretos en la prevención y el tratamiento de enfermedades como la diabetes tipo 2, la hipertensión o algunos tipos de cáncer.

Dos de los proyectos más sólidos en este campo son el Adventist Health Study-2 y el EPIC-Oxford Study. Una revisión conjunta de ambas cohortes, “Health and sustainability outcomes of vegetarian dietary patterns: a review of the EPIC-Oxford and Adventist Health Study-2 cohorts”, Resultados de salud y sostenibilidad de los patrones alimentarios vegetarianos: una revisión de las cohortes EPIC-Oxford y Adventist Health Study-2 muestra que hombres y mujeres jóvenes que siguieron una dieta vegana durante el estudio, presentan menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y obesidad, además de un índice de masa corporal más bajo y un patrón de consumo más sostenible.

El EPIC-Oxford Study es un estudio de cohorte, lo que significa que se ha seguido durante años a un gran grupo de personas —en este caso, 31.546 vegetarianos y veganos y 33.883 omnívoros en el Reino Unido— para observar cómo su alimentación influye en la aparición de enfermedades. Los investigadores fueron observando qué enfermedades desarrollaban (cáncer, diabetes, cardiopatía, etc.) y compararon los resultados entre los diferentes grupos. Este tipo de investigación es muy valiosa porque permite detectar patrones de salud a largo plazo en la vida real, más allá de los ensayos de laboratorio.

Una revisión exhaustiva titulada “Vegan diet: nutritional components, implementation, and health effects in adults” Dieta vegana: componentes nutricionales, implementación y efectos en la salud del adulto, confirma que una dieta vegana bien planificada cubre todas las necesidades nutricionales y se asocia con menor riesgo de hipertensión, obesidad y diabetes. También se observan beneficios en la reducción de la inflamación crónica y la mejora de la salud intestinal.

Por otra parte, un ensayo clínico muy interesante desmonta el mito de que la proteína animal es indispensable para desarrollar masa muscular. El estudio “Impact of vegan diets on exercise-induced myofibrillar protein synthesis in young healthy adults: a randomized controlled trial” Impacto de las dietas veganas en la síntesis de proteínas miofibrilares mediada por ejercicios de resistencia en hombres y mujeres jóvenes sanos: un ensayo controlado aleatorizado demostró que hombres y mujeres jóvenes veganos obtuvieron los mismos resultados en fuerza y musculatura que quienes consumieron proteína animal tras un programa de entrenamiento.

La relación entre dieta y salud cardiovascular o cáncer ha sido analizada en múltiples trabajos. Una revisión de 49 estudios, “Cardiovascular health and cancer risk associated with plant-based diets: an umbrella review” Salud cardiovascular y riesgo de cáncer asociados con dietas basadas en plantas: una revisión general, concluye que las dietas basadas en vegetales reducen el riesgo de cardiopatía isquémica y de cáncer colorrectal y de próstata.

A su vez, la revisión “Vegetarian dietary patterns and cardiovascular disease risk factors and prevention: an umbrella review of systematic reviews” Patrones dietéticos vegetarianos y factores de riesgo cardiovascular y prevención de enfermedades: una revisión general de revisiones sistemáticas, confirma de manera consistente que las personas vegetarianas y veganas tienen niveles más bajos de colesterol total y LDL, reduciendo así el riesgo cardiovascular.

Una revisión sistemática recopila y analiza críticamente todos los estudios disponibles sobre un tema para ofrecer una visión global y estructurada del conocimiento. Un metaanálisis, en cambio, va un paso más allá: combina de forma estadística los resultados numéricos de esos estudios, logrando una conclusión cuantitativa mucho más sólida y precisa. Por eso, en nutrición y medicina, los metaanálisis se consideran uno de los niveles más altos de evidencia científica.

Los metaanálisis más recientes son igualmente concluyentes. En “Vegetarian or vegan diets and blood lipids: a meta-analysis of randomized controlled trials” Dietas vegetarianas o veganas y lípidos sanguíneos: un metaanálisis de ensayos aleatorios y “Effects of vegetarian diets on blood lipids: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials” Efectos de las dietas vegetarianas sobre los lípidos sanguíneos: una revisión sistemática y un metaanálisis de ensayos controlados aleatorios se observa que las dietas vegetarianas y veganas reducen de manera significativa el colesterol total y LDL, lo que implica directamente una disminución del riesgo de infarto o ictus.

CONCLUSIÓN 

La evidencia científica más sólida y libre de conflictos de intereses apunta en una misma dirección: la carne no es necesaria para la salud humana. Por el contrario, las dietas basadas en vegetales aportan beneficios claros y comprobados en la prevención de enfermedades crónicas, en la mejora de la salud cardiovascular y metabólica, y en la sostenibilidad ambiental.

Es cierto que existen estudios que señalan beneficios del consumo de carne en contextos muy específicos, como poblaciones con mayores necesidades nutricionales o situaciones de dieta muy restrictiva. Sin embargo, son investigaciones más limitadas y menos consistentes que las grandes cohortes y metaanálisis que respaldan las dietas vegetarianas y veganas. Además, los nutrientes que la carne aporta en estos casos —como hierro, zinc o vitamina B₁₂— pueden obtenerse perfectamente a través de fuentes vegetales bien planificadas o de suplementos adecuados.

La ciencia lo confirma aunque la industria cárnica intente sembrar dudas con estudios financiados y campañas millonarias de marketing: las revisiones independientes y los organismos de mayor prestigio confirman con rotundidad que una alimentación vegana o vegetariana no solo es segura, sino que es recomendable para vivir más y mejor, al tiempo que respeta a los animales y protege el planeta.

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