imagen de petardos con el síbolo de prohibición encima

Pirotecnia y celebraciones públicas: cuando la ley también exige empatía

Perro asustado por los petardos

Cada año, la pirotecnia se presenta como un elemento incuestionable de las celebraciones públicas. Sin embargo, desde el punto de vista legal, los fuegos artificiales no son un derecho fundamental, sino una actividad autorizada que puede —y debe— limitarse cuando entra en conflicto con otros bienes jurídicos protegidos.

Y ese conflicto existe.

Desde la reforma del Código Civil, los animales han dejado de ser considerados cosas para ser reconocidos como seres sintientes. Este cambio no es simbólico: implica una obligación clara para las administraciones públicas de evitar sufrimiento evitable. El estrés extremo que provocan los petardos en animales domésticos y fauna urbana no es una hipótesis, sino un hecho documentado, previsible y reiterado cada año.

A esto se suma la afectación directa a personas vulnerables. El ruido intenso y repentino constituye una auténtica barrera sensorial para personas con trastornos del espectro autista, hipersensibilidad sensorial, ansiedad o estrés postraumático. Las celebraciones institucionales, financiadas y promovidas por las administraciones, no pueden excluir de facto a una parte de la población sin vulnerar el principio de accesibilidad y no discriminación.

imagen de petardos con el síbolo de prohibición encima

Desde el Derecho Administrativo, cualquier decisión pública debe superar el principio de proporcionalidad: la medida debe ser necesaria, adecuada y equilibrada. La pirotecnia no supera este test cuando existen alternativas festivas —espectáculos de luz, música o proyecciones— que permiten celebrar sin causar daño.

Además, existen precedentes claros. En 2022, la ciudad británica de Scarborough canceló los fuegos artificiales de Año Nuevo tras el asesoramiento de expertos en vida silvestre, para proteger a una morsa en migración. La decisión fue legal, viable y socialmente asumida. No se eliminó la celebración; se eliminó el daño innecesario.

La pregunta, por tanto, no es si se puede limitar la pirotecnia desde la ley.
La pregunta es por qué, con el conocimiento y las herramientas jurídicas disponibles, se sigue eligiendo no hacerlo.

Celebrar sin causar sufrimiento no es radical.
Es coherente con la ley, con la ética y con una sociedad que dice avanzar en empatía.

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gato riendo

El humor está en todas partes

gato riendo

No cabe duda que en este periodo que estamos viviendo el humor lo utilizamos para seguir adelante. Ahora bien, se tiende a ver a la comunidad vegana como los amargados que no dejan disfrutar de la fiesta a sus amigos. ¿Es esto verdad? Yo, personalmente, tiendo a reírme con casi todos los chistes. Aquellos que no me hacen gracia es por el simple hecho de que los he escuchado un millón de veces. Creo que esto ocurre a menudo cuando encasillan a las personas, y por ende, a los veganos nos pasa también. 

Es cierto que hay veces que por pura frustración y tristeza, es más duro reírse. No es para menos. Si uno lo piensa detenidamente, los veganos por norma general se hacen veganos porque empatizan con el sufrimiento de los animales. Cuando ven un filete en el plato de su amigo, no sólo ven un filete, sino ven el animal que ha sido maltratado durante mucho tiempo y finalmente sacrificado por el placer del paladar. Y esto resulta incomprensible. Nos resulta terrible. Para sobrevivir tenemos que abstraernos y no pensar en ello, y a veces resulta imposible.

Persona frustrada

Dicho esto, es importante recordar que el humor también sirve para unir a las personas. Cuando dos personas se ríen juntas, no solo están compartiendo un momento agradable: en el cuerpo y el cerebro ocurren procesos muy profundos, coordinados y medibles. La ciencia ha estudiado este fenómeno desde la neurobiología, la psicología social y la evolución. El cerebro libera dopamina, una hormona relacionada con el placer. Esta recompensa se multiplica cuando la risa es compartida, por eso “reírse juntos” resulta más placentero que reírse solo. Se liberan hormonas de conexión, especialmente oxitocina, conocida como la “hormona del vínculo”. Esto fortalece la sensación de cercanía, confianza y seguridad mutua. Es por ello que el humor es una de las herramientas más poderosas que tenemos para generar simpatía, y debemos usarla. 

Un detalle precioso sobre la neurociencia

Detrás de esta reflexión me queda otra que me da especialmente rabia. Chistes sobre veganos hay muchos. Sobre la industria cárnica, no conozco ninguno. ¿Quizá sería el momento de buscar humor detrás de los que están provocando la masacre? Es decir, no sólo tacharlos de bárbaros, sino también reírnos de ellos.

¿Os sabéis algún chiste hacia la industria cárnica?

Con cabeza y corazón.

Donna Ratier-Kimberley

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