Dibujo sobre una mente abierta

El antes y el después del saber: cambios en la dieta

Esquema: inteligencia-->pensamiento crítico, sensibilidad ética-->cuestionarse=dieta ética

Es preciso aclarar que los estudios más sólidos no analizan solo el veganismo, sino las dietas vegetarianas o basadas en plantas en general.

Existe una relación estadística entre una mayor inteligencia en la infancia/juventud y una mayor probabilidad de adoptar una dieta vegetariana/vegana en la adultez.

¿Por qué?

Son principalmente tres las razones por las que las personas que han optado por una dieta más vegetal tienden a ser más inteligentes.

  1. Cuestionarse todo.
  2. Buscar información.
  3. Ser más abiertos.

Cuestionarse todo: Cuando te preguntas por todo lo que te rodea, es fácil acabar preguntándote cómo se sienten los seres que te rodean. Acabas preguntándote cómo tratan a los animales que acaban en tu plato y por supuesto, la ética que hay detrás. 

Signo de interrogación rojo

Buscar información: Buscar respuestas es la fase consecuente de preguntarse por todo. Una vez te has preguntado por los seres que te rodean, lo lógico es buscar información y hallar una respuesta. La conclusión es clara, el sufrimiento de los seres sintientes, el daño que les producimos los seres humanos por consumirlos como alimento, es innegable, incluso con la desinformación y las mentiras que existen en la red. 

Ser más abiertos: La tercera razón, y probablemente la más concluyente, es la de ser abiertos mentalmente. Es fácil llegar a la conclusión a la que hemos llegado antes si nos preguntamos y buscamos un poco de información. Incluso sin buscar demasiado, el veganismo es una realidad palpitante en la actualidad y encontrar respuestas resulta cada vez más fácil. Ahora bien,  ¿por qué a la gente le cuesta tanto cambiar de dieta? La costumbre, la tradición, sigue marcando el día a día de la mayoría de las personas que nos rodean, y cambiar la dieta es probablemente uno de los cambios más difíciles de tomar. No sólo porque uno se ha acostumbrado a seguir ciertas recetas, da pereza aprender a cocinar otros platos, buscar otros tipos de alimentos… Sino porque socialmente estamos marcados por nuestro orgullo culinario, hasta tal forma, que quedar a comer con amigos, resulta una tarea ardua si quieres tomar una dieta más ética. Te preguntarán constantemente o se reirán de tí. Y eso si encontráis un establecimiento con opciones veganas, sin marcarles a ellos su comida. 

Mente abierta

Otra razón que podemos añadir a la lista es la inteligencia emocional que va asociado a la decisión de no comer animales. Empatizar con los seres sintientes es algo que no es capaz de hacer todo el mundo, pero aquellas personas con una mayor inteligencia emocional no tardan en darse cuenta del sufrimiento que se causa con la dieta omnívora. 

En varias investigaciones dentro de psicología social y economía del comportamiento aparece la misma tendencia:
altos niveles de inteligencia general + mayores capacidades de razonamiento moral abstracto + estilos cognitivos deliberativos =  menor consumo de carne

Esto no implica que todas las personas inteligentes elijan una dieta vegana, sino que entre quienes lo hacen, estadísticamente hay una sobrerrepresentación de perfiles con CI más alto/educación más alta.

Al fin y al cabo, cuando la inteligencia se une al pensamiento crítico y a la sensibilidad ética, aparece el cuestionamiento del especismo, y ese cuestionamiento lleva de forma natural a adoptar una dieta ética sin animales.

Y tú… ¿alguna vez te has preguntado qué sienten los seres que nos rodean? A veces, la pregunta adecuada puede cambiarlo todo.

Con cabeza y corazón.

Donna Ratier-Kimberley

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Japón hace muchos años

El mito de la carne

Japón hace muchos años

“Comer macetas está de moda.”

Pues parece que no. Lo que está de moda —y desde hace muy poco— es comer tanta carne. Durante casi toda la historia, las sociedades humanas vivieron con dietas basadas en plantas: arroz, legumbres, cereales, verduras y frutas. Comer carne a diario es una costumbre reciente, nacida con la industrialización y la expansión colonial.

En Japón, India, Etiopía o Europa, millones de personas pasaron siglos sin comer animales… por ética, por respeto, por cultura o, simplemente, porque no era necesario.

Japón: más de 1.000 años sin carne

Desde el año 675 d.C. hasta 1872, la carne estuvo prohibida por ley.
El budismo y el sintoísmo promovían el respeto a los animales, y la dieta japonesa se basaba en arroz, legumbres, verduras y algas.
Fue el emperador Meiji quien rompió el tabú al comer carne por primera vez en público como símbolo de “modernización”.

India: la no violencia como norma

El principio de ahimsa —no hacer daño a ningún ser sintiente— guió la alimentación durante siglos.
El jainismo y el hinduismo mantuvieron dietas vegetarianas o veganas desde hace más de 2.500 años.
Las legumbres son el corazón de la cocina india tradicional.

Europa: la carne era un lujo

Durante siglos, las clases populares apenas comían carne.
La Iglesia imponía ayunos y abstinencias casi la mitad del año, y muchas órdenes monásticas eran vegetarianas.
La carne se convirtió en símbolo de estatus solo tras la Revolución Industrial.

África y Oriente Medio: moderación y respeto

En Etiopía, la Iglesia ortodoxa prohíbe la carne y los lácteos más de 200 días al año.
En el Islam, el sacrificio debe realizarse con compasión y agradecimiento.
En regiones áridas, la carne siempre fue un lujo excepcional.

América precolombina: civilizaciones basadas en plantas

Antes de la colonización, las principales culturas (mayas, mexicas, incas…) se alimentaban de maíz, frijoles, calabaza, patata, quinoa y frutas.
La caza existía, pero no era la base de la dieta.

Conclusión: un mito moderno

Durante casi toda la historia, la humanidad comió sobre todo plantas.
La carne diaria es un fenómeno moderno, nacido con la industrialización y la colonización. se inventaron formas de producir carne en masa encerrando a millones de animales en naves sin luz, sin espacio y sin aire limpio. Esa violencia permitió algo impensable:
que la carne fuera barata. A costa de los animales, del planeta y también de nuestra salud.

Con cabeza y coarzón.

Donna Ratier-Kimberley

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Hamburguesa Vegana

El mundo al revés

El mundo está patas arriba. No sabemos por dónde empezar. Son tantas las cosas que hay que arreglar, que hacer una lista y priorizar parece imposible.

Y sin embargo, parece que hay quienes tienen claro cuál es el principal problema. La Unión Europea vota para prohibir el uso de «hamburguesas vegetarianas» y «salchichas de origen vegetal».

Sí, justo eso. No la crisis climática, ni la explotación animal, ni la contaminación de los ríos o la pérdida de biodiversidad… No. El verdadero drama es que alguien compre una hamburguesa vegetal y… ¡le guste!

¿Cuál es exactamente el problema? En todos los envases se indica claramente que son veganas. Tienen un público específico, y nadie se confunde. Tal vez el conflicto sea puramente semántico: no está bien —dicen— que se llame hamburguesa a algo que no implique sufrimiento ni tortura hacia un animal.

Me recuerda a cuando, hace veinte años, se discutía si una unión entre dos personas del mismo sexo podía llamarse “matrimonio”. La palabra, decían, pertenecía a la Iglesia. Hasta que, con el tiempo, el sentido común y la justicia se impusieron: una boda civil entre hombres o mujeres también es un matrimonio.

Quizá este empeño con las etiquetas venga de ahí: de una necesidad de proteger palabras, aunque detrás de ellas haya realidades mucho más crueles que cualquier juego lingüístico.

Pero esta preocupación por la nomenclatura pasa por ser preocupante cuando afecta a una industria poderosa. Porque sino, ¿cómo se explica el caso por ejemplo de los sorbetes? El sorbete se diferencia al helado por no llevar ni leche, ni huevos ni nada que se le parezca, en cambio, muchas veces debemos comprobar el etiquetado porque no es así.

O en los huevos de “gallinas camperas”, con su número 1 bien visible y sus dibujos idílicos de aves felices al sol. Sabemos que no es así. Aunque tengan acceso al exterior, muchas veces las salidas al campo son limitadas (a veces pequeñas puertas a un recinto exterior). Esas gallinas viven en naves y hacinadas, los machos son sacrificados al nacer, y las hembras son sacrificadas cuando dejan de ser “productivas”. Pero ahí no estamos engañando a nadie, no como con los nuggets veganos.

Así que nada, antes de ayudar a los animales, parece que debemos dedicarnos a reetiquetar los productos veganos. Dejar claro que las hamburguesas son sólo hamburguesas si hay sufrimiento detrás.

El planeta arde, los mares se llenan de plástico, y los animales mueren a millones… pero al menos las hamburguesas llevan el nombre correcto. Qué tranquilidad.

Dejando de lado la ironía, que se llamen hamburguesas o vegamburguesas nos importa poco. Lo triste es que la preocupación sea esa: que haya quien invierta tiempo, energía y dinero en debatir una palabra mientras los animales siguen pagando el precio real.

Con cabeza y corazón.

Donna Raiter-Kimberley

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vaca con número de identificación

La cifra que cuesta imaginar: más de un millón de animales muertos al día

ConceptoCifra/Descripción
Animales ejecutados en mataderos en España (2024)>1.250.000 cada día
Animales exportados vivos (anualmente)Cientos de miles (UE, China, México, Rusia, Arabia Saudí…)
Expectativa de vidaSiempre muerte temprana y vida de miseria en granjas
Prácticas permitidas por normativa europea– Trituración de pollitos machos vivos- Amputación de rabos de cerdos sin anestesia- Gallinas en jaulas del tamaño de un folio- Cerdas inmovilizadas en jaulas de parto durante >1 mes
Condiciones habituales en granjasHacinamiento, suciedad, falta de luz solar, ausencia de asistencia veterinaria, convivencia con cadáveres
Promedio de animales consumidos por persona a lo largo de su vida~7.000
Animales acuáticos (peces, mariscos, etc.)No contabilizados como individuos: millones adicionales invisibilizados

Las cifras son abrumadoras. Tanto, que cuesta hacerse una idea de la situación. Conejos, cerdos, ovejas, pollos, vacas, caballos… Según datos del ministerio de agricultura, durante el año 2024 se ejecutaron en mataderos MÁS de 1.250.000 animales CADA DÍA en nuestro país.

A estos animales ejecutados en los mataderos españoles, hay que sumar los cientos de miles que se venden cada año vivos a otros países, tanto de la Unión Europea (que se rigen por la misma normativa) como a países terceros, con normativa infinitamente más laxa y que suponen infernales viajes de semanas, la mayoría en barco, para recorrer miles de kilómetros hasta su destino final en China, México, Rusia o Arabia Saudí, entre otros.

Si para muchas personas el lugar donde se nace determina la probabilidad de sobrevivir, pertenecer a una especie considerada “ganadera” implica la certeza de una muerte temprana y una vida de miseria, donde no importan lo más mínimo los intereses propios. Donde cada individuo es un simple número en un dispositivo identificador.

De hecho, y considerando que la normativa europea está a años luz de la de otros países respecto al supuesto “bienestar” de animales en las explotaciones ganaderas, ésta permite que los pollitos machos sean triturados vivos, que a los cerdos se les ampute el rabo sin anestesia, que se considere adecuado que una gallina viva en una jaula del tamaño de un folio, dentro de una nave sin acceso al exterior, o que una cerda pase más de un mes, tumbada e inmovilizada, desde unos días antes de dar a luz, hasta que, después de amamantar a sus pequeños durante unos 28 días, se los roben.

Para los animales considerados “de granja” cada día es un suplicio.

Imagina vivir en condiciones de hacinamiento, entre heces, sin acceso directo a la luz del sol, sin asistencia veterinaria en caso de enfermedad o dolor y conviviendo en ocasiones con los cadáveres de tus compañeros… Y por supuesto, sin que a nadie le importe lo más mínimo con quién has establecido vínculos afectivos.

Esta situación se repetirá día tras día, hasta que un día te suban a un camión y llegues al matadero donde esperarás, con terror, turno en una fila de la que no puedes escapar, mientras presencias cómo van ejecutando, uno a uno, a tus compañeros.

Esto, que parece una historia de terror, es la realidad impuesta a cientos de millones de animales cada año en nuestro país.

Si la situación de estos animales te duele y te parece injusta, puedes ayudarles. Cambia el consumo de carne por una dieta basada en vegetales.

Es más sencillo de lo que parece y desde Empatía te queremos ayudar con nuestro programa gratuito, de 8 semanas, elaborado por una dietista-nutricionista.

Si de media cada persona consume 7.000 animales a lo largo de su vida, ¿a cuántos animales salvarás tú?

*La información ofrecida no tiene en cuenta en cuenta a los peces y otros animales marinos, que ni siquiera se contabilizan como individuos.

Raquel Aguilar Povill

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Peter Singer en Phair 2025

Filosofía, empatía y activismo: PHAIR 2025 en Edimburgo

Cartel del Phair 2025

Entre el 2 y el 5 de julio, nuestra compañera, Donna Ratier-Kimberley, tuvo la oportunidad de asistir a PHAIR 2025, la conferencia internacional sobre filosofía y defensa animal que se celebró en la Universidad de Edimburgo. Bajo el lema Animal Advocacy Conference, el evento reunió a personas investigadoras, activistas y comunicadoras de todo el mundo para reflexionar juntas sobre nuestras relaciones con los demás animales.

¿Qué es PHAIR?

PHAIR (Philosophy and Animals International Research) es una organización que promueve el análisis filosófico y científico de las relaciones humano-animales, con un enfoque en la justicia, la ética aplicada y la incidencia política. A través de su congreso cada dos años, facilita el encuentro entre el mundo académico y el activismo, apostando por una filosofía al servicio del cambio social.

La chispa de Singer y la pregunta clave

La conferencia arrancó con la charla pública de Peter Singer, siempre inspirador por su claridad y compromiso ético. Aunque sus ideas han sido ampliamente debatidas y matizadas, su capacidad para seguir impulsando el debate moral en torno al especismo y la responsabilidad individual sigue siendo poderosa.

Ya en el programa académico, una de las charlas más destacadas fue la Keynote de Christopher Hopwood, titulada Humans’ reasons for and against eating animals. A partir de estudios recientes, se analizaron las razones que la gente da para seguir comiendo carne: el sabor, la presión social, las creencias erróneas sobre la salud, el tiempo, o el coste percibido de una dieta vegana. Lo interesante fue ver cómo muchas de estas razones, aunque frágiles desde un punto de vista ético o científico, predicen el comportamiento con bastante eficacia. Esto nos recuerda que, para cambiar hábitos, no basta con tener la razón: necesitamos estrategias que respondan a barreras emocionales, sociales y culturales.

Medios de comunicación: cuando el veganismo se convierte en chiste


Otra sesión reveladora fue el simposio Animals in Art and Media, donde se abordó el papel de la radio, la televisión y los libros en la percepción social del veganismo y de los animales. Como señaló Bronwen Wilson en su análisis sobre la BBC, la representación especista en los medios es sistemática: cuando el veganismo aparece, a menudo es para ridiculizarlo, y muchas veces ni siquiera se considera una opción seria. Esta invisibilidad (o peor, caricaturización) perpetúa la idea de que el respeto hacia los animales no humanos es algo marginal o excéntrico.

¿Dónde están los hombres veganos?

Una cuestión que se repitió en varias ponencias fue la diferencia de género en el veganismo. Según diversos estudios presentados (como los de Dalila Virgolini y Luke McGuire), las mujeres representan más del 70% del colectivo vegano en muchos países. ¿Por qué? Una de las hipótesis más sólidas apunta a que el veganismo se percibe culturalmente como algo «no masculino». En palabras de McGuire, ser vegano aún no encaja con los estereotipos de «macho», y esto se interioriza desde edades muy tempranas. Detectar este sesgo y trabajar sobre él es fundamental si queremos ampliar nuestro alcance.

Violencia doméstica: cuando los animales también son víctimas

Uno de los momentos más conmovedores fue escuchar a Mary Wakeham hablar sobre Animal Abuse as a Strategy of Coercive Control. Su intervención puso luz sobre una realidad apenas conocida: los animales que viven en hogares con violencia de género también sufren maltrato directo, y muchas veces las víctimas humanas no pueden escapar porque temen por la seguridad de sus animales. La organización que presentó trabaja precisamente para ofrecer refugio a animales en estas situaciones. Este enfoque interseccional —que conecta distintas formas de violencia— fue uno de los más potentes del congreso.

Zoológicos: colonias disfrazadas de parques

Por último, quiero destacar una ponencia que me impactó especialmente: la que cuestionaba el papel de los zoológicos como formas contemporáneas de colonialismo. Más allá de sus pretensiones educativas, los zoos reproducen estructuras de poder, control y exotización que vulneran los derechos más básicos de los animales. La charla nos invitó a imaginar formas éticas de relacionarnos con la vida salvaje sin encierro ni espectáculo.

Volví de Edimburgo con la mente llena de ideas y el corazón más convencido que nunca de que la filosofía, la ciencia y la empatía pueden (y deben) ir de la mano. En tiempos de confusión y retroceso, espacios como PHAIR nos recuerdan que construir un mundo más justo para todos los seres sintientes no solo es posible: es urgente.

PHAIR es mucho más que un congreso académico. Es un recordatorio de que el cambio empieza por cuestionarlo todo: desde lo que comemos hasta lo que normalizamos como “entretenimiento”.

Qué es lo que más destacaría

Una de las cosas que más me llamaron la atención fue como todos, tanto los ponentes como los asistentes, estaban de acuerdo en que la discriminación por la dieta no lleva a ningún lado, es más, es contraproducente. Y yo no podría estar más de acuerdo. Me explico. Se llegó a la conclusión en muchas de las ponencias (sobre todo las relacionadas con la dieta vegana) que discriminar a los vegetarianos u omnívoros era un error. Muchas personas son animalistas, pero siguen teniendo una dieta omnívora. No les debemos juzgar, sino informar con un planteamiento amigable, no desde la frustración, que, seamos sinceros, es completamente comprensible. Pero lo cierto es que juzgando lo único que conseguimos es una confrontación que la mayoría de las veces conlleva al rechazo. Hacer sentir mal a la gente no es el camino. Debemos ser empáticos entre nosotros también y recordar que la mayoría de nosotros estuvimos en su situación en el pasado. Debemos escuchar, informar, y cuidar a todos aquellos que se interesen por los animales. Y estoy segura que más pronto que tarde, se harán veganos.

Foto de grupo Phair 2025

Donna Ratier-Kimberley

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