Por qué debemos dejar de despreciar a los insectos
Cuando se trata de valorar la vida de otros animales, los humanos no siempre somos tan racionales como creemos. Una de nuestras ideas más instaladas —aunque rara vez confesada— es que las vidas breves valen menos. Cuanto más corta es la existencia de un ser vivo, menos nos cuesta quitarla de en medio. Y si ese ser es pequeño y silencioso, entonces ni siquiera solemos reparar en ella. Es lo que ocurre con los insectos: mueren a millones, a veces en un instante, y casi nadie se detiene a pensar en lo que eso significa para ellos.
Sin embargo, ¿realmente es justo valorar menos una vida solo porque dura menos tiempo?
El mito de los insectos efímeros
Muchas personas creen que todos los insectos viven apenas unos días, como si su presencia fuera tan breve que no mereciera nuestra atención ni respeto. Este prejuicio tiene algo de cierto, pero también mucho de falso. Es verdad que algunos insectos, como las efímeras (Ephemeroptera), viven solo unas horas en su fase adulta (Barber-James et al., 2008). Lo mismo ocurre con ciertas mariposas que sobreviven apenas una o dos semanas.
Pero hay otros insectos cuya longevidad sorprende:
La reina de una colonia de termitas puede vivir hasta 30 años, siendo uno de los insectos más longevos conocidos (Thorne et al., 1999).
La cigarra mágica (Magicicada septendecim) pasa 17 años bajo tierra antes de emerger para unas pocas semanas de vida adulta (Williams & Simon, 1995).
Algunas larvas de escarabajos cerambícidos, como el Ergates faber, pueden vivir hasta 10 años dentro de la madera antes de convertirse en adultos.
Las reinas de ciertas hormigas carpinteras pueden vivir más de 15 años.
Y el escarabajo ciervo, una de las especies más emblemáticas de Europa, tiene una fase larvaria que dura entre 3 y 7 años (Ranius, 2002).
La vida de los insectos es, por tanto, mucho más diversa —y duradera— de lo que imaginamos. Lo que sucede es que muchas de esas vidas transcurren fuera de nuestra vista. Y lo que no vemos, rara vez lo valoramos.
¿Menos años, menos valor?
En situaciones de emergencia, incluso entre humanos, solemos aplicar un criterio parecido: se salva antes a un niño que a un anciano. Esa decisión está motivada por una lógica de “años por vivir”, una especie de cálculo implícito del valor futuro de la vida.
Este razonamiento ha sido muy discutido en bioética. La filósofa Christine Korsgaard defiende que el valor de una vida no debería depender de cuánto le queda, sino de lo que representa para quien la está viviendo (Korsgaard, 2018). Y la moralista Martha Nussbaum sostiene que la duración no puede ser el único criterio para atribuir valor: cada vida, aunque sea breve, es completa desde la perspectiva del ser que la vive (Nussbaum, 2006).
Aplicado a los insectos: si una mariposa solo vive 15 días, esos 15 días son su vida entera, su mundo, su oportunidad de existir. ¿Qué derecho tenemos a menospreciarla por ser corta?
El sesgo del tamaño
No solo la duración influye en cuánto valor otorgamos a una vida: también el tamaño. Entre dos animales con la misma esperanza de vida, solemos otorgar mayor importancia a aquel que es más grande o se parece más a nosotros. Este sesgo se observa tanto en nuestra relación con otros humanos como con los animales: un elefante nos inspira admiración y respeto, mientras que un ratón o un grillo, con idénticos años por delante, apenas despiertan nuestra atención.
El filósofo Peter Singer ha señalado que esta preferencia por los animales grandes es arbitraria y moralmente irrelevante: el tamaño no determina la capacidad de sufrir ni el valor intrínseco de una vida. Desde una perspectiva ética, la capacidad de sentir —no el volumen del cuerpo— debería ser el criterio relevante. Un animal pequeño vive su vida con la misma intensidad y plenitud que uno grande, y su sufrimiento no es menor por ocupar menos espacio en el mundo.
El sesgo del sufrimiento breve
Desde la psicología, sabemos que la empatía humana es selectiva. Solemos responder más ante una víctima identificable y cercana que ante millones de seres desconocidos (Slovic, 2007; Small & Loewenstein, 2003). Y si además esas víctimas son pequeñas, breves y silenciosas, el “apagón empático” se vuelve casi total.
Sin embargo, investigaciones recientes han mostrado que muchos insectos poseen sistemas nerviosos lo bastante complejos como para sentir dolor (Adamo, 2016; Elwood, 2019). Las abejas, por ejemplo, muestran emociones positivas ante recompensas inesperadas, lo que sugiere una vida emocional rudimentaria pero real (Perry et al., 2017). Las moscas, grillos o cucarachas también presentan comportamientos de aprendizaje, memoria y evitación del daño.
Entonces, ¿cuánto vale el dolor de un insecto? Si solo va a vivir unos días, ¿importa menos que el dolor de una vaca, de un perro o de una persona?
El peso moral de lo pequeño
El filósofo Jeff Sebo propone una idea provocadora pero muy necesaria: una ética de escala. Aunque el sufrimiento de un insecto pueda ser menos intenso o breve que el de un animal más grande, el número de insectos afectados en la agricultura, ganadería y vida urbana es tan inmenso que su sufrimiento total no puede seguir ignorándose (Sebo, 2022).
Y lo más inquietante es que muchos de esos insectos son víctimas invisibles de nuestras decisiones cotidianas, desde el uso de pesticidas hasta el transporte industrial o la explotación de grillos como “proteína alternativa”. La idea de que “solo son insectos” ha servido durante siglos como excusa para no mirar.
Conclusión: no es su brevedad, es nuestro prejuicio
Los insectos no valen menos porque vivan menos. Valen menos porque así lo hemos decidido. Porque su vida nos parece ajena, corta o insignificante. Pero para ellos, cada segundo cuenta. Cada día es todo lo que tienen. Cada vida es un universo entero.
Si de verdad creemos en la empatía, en la justicia y en el respeto hacia todos los seres sintientes, entonces debemos empezar a mirar también a los insectos. No porque sean útiles. No porque vivan más. Sino porque están vivos. Y sienten. Y su vida importa.
Además, es urgente abrir este debate porque la industria alimentaria está empezando a promover el consumo de insectos como una supuesta alternativa sostenible a la carne, vendiéndolos como “proteína del futuro”. Pero sustituir vacas por grillos no resuelve el problema ético de fondo: seguir usando a seres sintientes como ingredientes. La alternativa verdaderamente compasiva no pasa por comer insectos, sino por dejar de considerar a los animales —grandes o pequeños, con años de vida o con segundos— como recursos comestibles.
Porque aunque su vida dure un suspiro, merecen vivirla en paz.
Con cabeza y corazón
Referencias
Adamo, S. A. (2016). Do insects feel pain? Animal Behaviour, 118, 75–79.
Barber-James, H. M., et al. (2008). Global diversity of mayflies. Hydrobiologia, 595, 339–350.
Elwood, R. W. (2019). Do insects feel pain? Animal Sentience, 25(1).
Korsgaard, C. M. (2018). Fellow Creatures: Our Obligations to the Other Animals. Oxford University Press.
Nussbaum, M. C. (2006). Frontiers of Justice. Harvard University Press.
Ranius, T. (2002). Population ecology of beetles in hollow oaks. Biological Conservation, 104(1), 1–13.
Sebo, J. (2022). Saving Animals, Saving Ourselves. Oxford University Press.
Singer, P. (1975). Animal Liberation. New York: HarperCollins.
Slovic, P. (2007). Psychic numbing and genocide. Judgment and Decision Making, 2(2), 79–95.
Small, D. A., & Loewenstein, G. (2003). Helping a Victim or Helping the Victim: Altruism and Identifiability. Journal of Risk and Uncertainty, 26(1), 5–16.
Williams, K. S., & Simon, C. (1995). The ecology, behavior, and evolution of periodical cicadas. Annual Review of Entomology, 40, 269–295.
Los incendios que asolan la península ibérica este verano están siendo terribles para quienes nos preocupamos no sólo por la devastación de los entornos naturales, sino por el sufrimiento horrible al que se enfrentan los animales que habitan en él, animales que mueren calcinados en sus madrigueras, aves que vuelan enloquecidas alrededor del nido que arde con sus polluelos dentro, o calcinados, pegados a las vallas de fincas y cotos de caza, tratando de huir.
En estos días aciagos, queda sitio para la Esperanza, a la que podemos alimentar con ejemplos cercanos
¿Cómo puede haber personas capaces de prender fuego al monte? ¿Cómo puede ser que sigas tu vida sabiendo que tus perros se mueren de hambre? ¿Qué tienen en la cabeza los dirigentes que dan la orden de matar a civiles en injustificables guerras? A menudo reflexiono sobre el porqué del comportamiento humano. Unas veces por maldad y otras por inconsciencia, las consecuencias de nuestros actos suponen un perjuicio de incalculable dimensión para el planeta y sus habitantes.
Y sin embargo hay esperanza. Durante estos aciagos días he conversado con muchas personas en redes sociales y he tenido ocasión de escuchar increíbles historias de cambio que me han llenado el alma de esperanza en un mundo mejor, como a los fundadores de Operación Encina, que después de que un incendio les marcara la vida, se han dedicado en cuerpo y alma a plantar encinas en Granada.
Esta iniciativa me hace recordar una idea que me ronda en la cabeza hace años, un plan ideal que me gustaría ver materializarse. Yo lo llamo Reforesta España, y me imagino una marea de personas plantando bellotas de encina, roble, castaños haciendo que el mapa de la península ibérica vuelva a ser verde, como un día lo fué. Podríamos empezar creando corredores naturales, a través de los cuales los animales de una y otra zona pudieran comunicarse, y extender esa mancha verde hasta el infinito. Personalmente he organizado bellotadas tras un incendio, y os puedo asegurar que reconforta saber que hay mucha gente dispuesta a plantar semillas que hagan reverdecer el suelo quemado.
Estos días se fija la atención en pirómanos y cazadores que dejan morir a sus perros, pero quizá sería mejor para animarnos pensar en los burritos que se han salvado en Burrolandia, gracias a que sus responsables tenían un sistema de control domótico de las puertas, aspersores, bebederos, que activaron a distancia, y un sistema de control por cámaras. ¡Bravo por ser tan magníficos cuidadores!
Y también hay que tener presentes a las personas que se están coordinando para ayudar en los incendios, sin ir más lejos me emociona ver a personas como Fernando de Salvando Peludos y el equipo que acudió a Tres Cantos a ayudar a los animales heridos, igual que la gente de ADAAC de Colmenar Viejo, que ante la inacción de la administración decidió organizarse y coordinar la ayuda con profesionales veterinarios voluntarios. A todas y todos vosotros, gracias por vuestro buen hacer.
Y es que a veces nos olvidamos de que cada vez hay más personas conscientes de las consecuencias de sus actos, cada vez hay más personas empáticas, que evitan dañar a otros, incluso tienen la voluntad de ayudar a quien lo necesita.
Sé que nos estamos convirtiendo en una pequeña masa crítica. Las estadísticas así lo indican: según la encuesta 2025 de la Fundación BBVA, más del 70% de la ciudadanía rechaza el uso de animales en espectáculos como los toros, la caza y las fiestas o circos, y un 14% de las personas mayores de 18 años rechaza utilizar animales para la alimentación—esto es más de cuatro millones y medio de personas en España. No es una minoría anecdótica: es una masa social significativa que reconoce a los animales como sujetos de consideración moral y que abre una ventana de oportunidad para acelerar los cambios que los animales necesitan.
Es bueno que tomemos conciencia de grupo, que nos sintamos unidos y arropados, que compartamos experiencias y decisiones que ayuden a los animales. Me siento agradecida de haber conversado estos días con personas agobiadas por las circunstancias; sé que desahogarse al menos sirve para aliviar la presión y nos hace sentir comprendidos ante un mundo que no entendemos.
Siempre me he visto impulsada por la esperanza de ver cambiar este mundo. Considero una victoria cada decisión que alguien toma en favor de los animales, como puede ser adoptar un perro en lugar de comprarlo; disfruto escuchando en una conversación ajena a alguien que condena la caza, y celebro el momento en que una persona comparte conmigo que ha eliminado de su plato el sufrimiento animal. Todos estos pasos en conjunto suponen un gran avance hacia un mundo en paz, un mundo sin violencia.
Desde la Asociación Empatía, tenemos la determinación de ayudar a construir ese mundo. Durante este primer semestre del año, hemos organizado varios eventos presenciales que han sido un éxito, y para facilitar la transición hacia una dieta respetuosa con los animales y nuestra salud, ofrecemos un plan nutricional gratuito de 8 semanas para dar el paso hacia una dieta vegetal con seguridad y sin complicaciones, elaborado por nuestra nutricionista, Marina García de Bernardi. Te lo enviaremos quincenalmente a tu correo si te suscribes aquí.
Yo dí este paso hace más de veinte años y es la mejor decisión que he tomado en mi vida. Y estaré encantada de acompañarte y ayudarte a resolver cualquier duda que tengas, tan sólo tienes que escribirme a silviabarquero[arroba] asociacionempatia.es
Espero haber contribuido a ofrecerte un rayito de esperanza entre tantas malas noticias y que, como yo intento hacer, te quedes con lo bueno y sigamos avanzando, plantando la semilla de ese mundo con el que soñamos para todos los seres sintientes.
Entre el 2 y el 5 de julio, nuestra compañera, Donna Ratier-Kimberley, tuvo la oportunidad de asistir a PHAIR 2025, la conferencia internacional sobre filosofía y defensa animal que se celebró en la Universidad de Edimburgo. Bajo el lema Animal Advocacy Conference, el evento reunió a personas investigadoras, activistas y comunicadoras de todo el mundo para reflexionar juntas sobre nuestras relaciones con los demás animales.
¿Qué es PHAIR?
PHAIR (Philosophy and Animals International Research) es una organización que promueve el análisis filosófico y científico de las relaciones humano-animales, con un enfoque en la justicia, la ética aplicada y la incidencia política. A través de su congreso cada dos años, facilita el encuentro entre el mundo académico y el activismo, apostando por una filosofía al servicio del cambio social.
La chispa de Singer y la pregunta clave
La conferencia arrancó con la charla pública de Peter Singer, siempre inspirador por su claridad y compromiso ético. Aunque sus ideas han sido ampliamente debatidas y matizadas, su capacidad para seguir impulsando el debate moral en torno al especismo y la responsabilidad individual sigue siendo poderosa.
Ya en el programa académico, una de las charlas más destacadas fue la Keynote de Christopher Hopwood, titulada Humans’ reasons for and against eating animals. A partir de estudios recientes, se analizaron las razones que la gente da para seguir comiendo carne: el sabor, la presión social, las creencias erróneas sobre la salud, el tiempo, o el coste percibido de una dieta vegana. Lo interesante fue ver cómo muchas de estas razones, aunque frágiles desde un punto de vista ético o científico, predicen el comportamiento con bastante eficacia. Esto nos recuerda que, para cambiar hábitos, no basta con tener la razón: necesitamos estrategias que respondan a barreras emocionales, sociales y culturales.
Medios de comunicación: cuando el veganismo se convierte en chiste
Otra sesión reveladora fue el simposio Animals in Art and Media, donde se abordó el papel de la radio, la televisión y los libros en la percepción social del veganismo y de los animales. Como señaló Bronwen Wilson en su análisis sobre la BBC, la representación especista en los medios es sistemática: cuando el veganismo aparece, a menudo es para ridiculizarlo, y muchas veces ni siquiera se considera una opción seria. Esta invisibilidad (o peor, caricaturización) perpetúa la idea de que el respeto hacia los animales no humanos es algo marginal o excéntrico.
¿Dónde están los hombres veganos?
Una cuestión que se repitió en varias ponencias fue la diferencia de género en el veganismo. Según diversos estudios presentados (como los de Dalila Virgolini y Luke McGuire), las mujeres representan más del 70% del colectivo vegano en muchos países. ¿Por qué? Una de las hipótesis más sólidas apunta a que el veganismo se percibe culturalmente como algo «no masculino». En palabras de McGuire, ser vegano aún no encaja con los estereotipos de «macho», y esto se interioriza desde edades muy tempranas. Detectar este sesgo y trabajar sobre él es fundamental si queremos ampliar nuestro alcance.
Violencia doméstica: cuando los animales también son víctimas
Uno de los momentos más conmovedores fue escuchar a Mary Wakeham hablar sobre Animal Abuse as a Strategy of Coercive Control. Su intervención puso luz sobre una realidad apenas conocida: los animales que viven en hogares con violencia de género también sufren maltrato directo, y muchas veces las víctimas humanas no pueden escapar porque temen por la seguridad de sus animales. La organización que presentó trabaja precisamente para ofrecer refugio a animales en estas situaciones. Este enfoque interseccional —que conecta distintas formas de violencia— fue uno de los más potentes del congreso.
Zoológicos: colonias disfrazadas de parques
Por último, quiero destacar una ponencia que me impactó especialmente: la que cuestionaba el papel de los zoológicos como formas contemporáneas de colonialismo. Más allá de sus pretensiones educativas, los zoos reproducen estructuras de poder, control y exotización que vulneran los derechos más básicos de los animales. La charla nos invitó a imaginar formas éticas de relacionarnos con la vida salvaje sin encierro ni espectáculo.
Volví de Edimburgo con la mente llena de ideas y el corazón más convencido que nunca de que la filosofía, la ciencia y la empatía pueden (y deben) ir de la mano. En tiempos de confusión y retroceso, espacios como PHAIR nos recuerdan que construir un mundo más justo para todos los seres sintientes no solo es posible: es urgente.
PHAIR es mucho más que un congreso académico. Es un recordatorio de que el cambio empieza por cuestionarlo todo: desde lo que comemos hasta lo que normalizamos como “entretenimiento”.
Qué es lo que más destacaría
Una de las cosas que más me llamaron la atención fue como todos, tanto los ponentes como los asistentes, estaban de acuerdo en que la discriminación por la dieta no lleva a ningún lado, es más, es contraproducente. Y yo no podría estar más de acuerdo. Me explico. Se llegó a la conclusión en muchas de las ponencias (sobre todo las relacionadas con la dieta vegana) que discriminar a los vegetarianos u omnívoros era un error. Muchas personas son animalistas, pero siguen teniendo una dieta omnívora. No les debemos juzgar, sino informar con un planteamiento amigable, no desde la frustración, que, seamos sinceros, es completamente comprensible. Pero lo cierto es que juzgando lo único que conseguimos es una confrontación que la mayoría de las veces conlleva al rechazo. Hacer sentir mal a la gente no es el camino. Debemos ser empáticos entre nosotros también y recordar que la mayoría de nosotros estuvimos en su situación en el pasado. Debemos escuchar, informar, y cuidar a todos aquellos que se interesen por los animales. Y estoy segura que más pronto que tarde, se harán veganos.
Los humanos no son los únicos que poseen sustratos neurológicos generadores de consciencia. Los animales no humanos, incluidos todos los mamíferos y las aves, y muchas otras criaturas, incluyendo los pulpos, también poseen estos sustratos neurológicos.
El 7 de Julio de 2012, un prestigioso grupo internacional de neurocientíficos cognitivos, neurofarmacólogos, neurofisiólogos y neurocientíficos computacionales, se reunieron en la Universidad de Cambridge para revaluar los sustratos neurobiológicos de la experiencia consciente y los comportamientos relacionados con ésta, tanto en animales humanos como en no humanos. Mientras que la investigación comparativa en este campo, se ve naturalmente obstaculizada por la incapacidad de los animales no humanos, y a menudo humanos, para comunicar claramente sus estados internos, se pueden afirmar las siguientes observaciones de manera inequívoca:
• El campo de la investigación de la consciencia está evolucionando muy rápidamente. Se han desarrollado numerosas técnicas y nuevas estrategias para la investigación en animales humanos y no humanos. Por lo tanto, disponemos de más datos que llevan a una re-evaluación periódica de los conceptos aceptados en este campo. Los estudios de animales no humanos muestran que circuitos cerebrales homólogos correlacionados con la experiencia y la percepción consciente, pueden ser activados o interrumpidos selectivamente con el fin de determinar si son necesarios o no para esas experiencias. Por otra parte, el desarrollo de nuevas técnicas no invasivas, facilitan el estudio de las correlaciones de la consciencia en humanos.
• Los sustratos neurológicos de las emociones no parecen limitarse a las estructuras corticales. De hecho, las redes neuronales subcorticales relacionadas con los estados afectivos en los humanos, son de crucial importancia en la generación de comportamientos emocionales en los animales. La excitación artificial de las mismas regiones del cerebro, generan una conducta y estados de ánimo equivalentes en humanos y en no humanos. Cuando se estimulan ciertas áreas del cerebro, se evocan comportamientos emocionales innatos en los animales no humanos. Muchos de los comportamientos resultantes son consistentes con los estados emocionales experimentados, incluidos los estados internos relacionados con áreas de recompensa. La estimulación cerebral profunda de estos sistemas en humanos también puede generar estados afectivos similares. Los sistemas asociados con el afecto se concentran en regiones subcorticales, donde abundan las analogías neuronales. Los humanos jóvenes y los no humanos sin neocórtex conservan estas funciones cerebro-mente. Además, los circuitos neurológicos que constituyen los estados de comportamiento/electrofisiológicos de la atención, el sueño y la decisión parecen haber surgido en la evolución tan pronto como aparecieron los primeros invertebrados, siendo evidente en insectos y moluscos cefalópodos (p. ej. el pulpo).
• Los pájaros también parecen ofrecer, a través de su comportamiento, de la neurofisiología y de la neuroanatomía, un caso notable de evolución paralela de la consciencia. Se ha podido observar la rotunda evidencia de niveles casi humanos de consciencia en los loros grises africanos. Mamíferos y aves parecen compartir redes neurológicas de las emociones y microcircuitos cognitivos mucho más parecidos de lo que se pensaba. Además ciertas especies de aves exhiben patrones neurales de sueño similares a los de los mamíferos, incluyendo el sueño REM, y como se demostró en los pinzones cebra, patrones neurofisiológicos que antes se creían propios sólo del neocórtex de los mamíferos. Se ha demostrado que las urracas en particular presentan similitudes sorprendentes con los humanos en los estudios de autorreconocimiento en el espejo, así como sucede con los grandes simios, los delfines y los elefantes.
• En los humanos, el efecto de ciertos alucinógenos parece estar asociado con la perturbación de los procesos de alimentación y retroalimentación cortical. Las intervenciones farmacológicas en animales no humanos, con compuestos conocidos que afectan al comportamiento consciente en humanos, también puede conducir a perturbaciones similares en animales no humanos. En humanos, existen claras evidencias que sugieren que la consciencia se correlaciona con la actividad de la corteza cerebral, lo que no excluye posibles contribuciones de otras áreas, como la subcortical o el procesamiento de la corteza primaria en la percepción visual. La evidencia de que las emociones tanto en humanos como en animales no humanos surgen de las mismas redes cerebrales, aporta la prueba fehaciente de una evolución común hacia las mismas cualidades afectivas de las experiencias individuales. Declaramos lo siguiente: “La ausencia de un neocórtex no parece excluir la capacidad de un organismo para experimentar estados afectivos. Esto evidencia que los animales no humanos poseen sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos y neurofisiológicos de estados de consciencia, junto con la capacidad de exhibir comportamientos intencionales. En consecuencia, el peso de la evidencia indica que los humanos no son los únicos que poseen sustratos neurológicos generadores de consciencia. Los animales no humanos, incluidos todos los mamíferos y las aves, y muchas otras criaturas, incluyendo los pulpos, también poseen estos sustratos neurológicos”.
* La Declaración de Cambridge sobre la Conscienciafue escrita por Philip Low y revisada por Jaak Panksepp, Diana Reiss, David Edelman, Bruno Van Swinderen, Philip Low and Christof Koch. La Declaración fue hecha pública en Cambridge, Reino Unido, el 7 de julio de 2012, en la ‘Conferencia sobre la Consciencia en Humanos y Animales no Humanos’ en memoria a Francis Crick, celebrada en el Churchill College de la Universidad de Cambridge, por Low, Edelman y Koch. La Declaración fue firmada por las personas participantes de la conferencia esa misma tarde, en presencia de Stephen Hawking, en la Balfour Room del Hotel du Vin en Cambridge, Reino Unido. La ceremonia de la firma fue cubierta por CBS 60 Minutes.
†La Declaración de Cambridge sobre la Conciencia fue escrita como resumen de la Conferencia en memoria de Francis Crick, organizada por Philip Low en la Universidad de Cambridge. Si bien es indiscutible que todos los vertebrados, incluidos los peces y los reptiles, poseen los sustratos neurológicos de la conciencia, y que hay evidencia adicional muy sólida que respalda que los invertebrados, incluidos, entre otros, los crustáceos decápodos, los moluscos cefalópodos y los insectos, también los poseen, solo los pulpos fueron nombrados explícitamente porque hubo una presentación científica sobre ellos en la conferencia.
La ganadería es una de las actividades humanas que más perjudican al planeta, a nuestra salud y lo que es más importante, a los animales que son sacrificados por millones después de una vida de sufrimiento, hacinamiento y privaciones.
Queremos aportar argumentos para la reflexión sobre nuestra forma de alimentarnos, favoreciendo la toma de decisiones informadas para beneficiar a los animales, naturaleza y salud de las personas.
Precisamente por el grave perjuicio que supone explotar a los animales, esta dañina actividad debería estar en el centro de los debates sociales y políticos, y sin embargo, esta reflexión está siendo silenciada, o peor aún, el poderoso lobby de la industria cárnica extiende sus tentáculos en todos los estamentos de influencia, para instaurar en la opinión pública informaciones que distraigan, confundan y desvíen el foco de atención sobre la gravedad del problema.
En la Asociación Empatía queremos aportar argumentos para la reflexión sobre nuestra forma de alimentarnos, favoreciendo así la toma de decisiones informadas, que redunde en un beneficio para los animales, la naturaleza y la salud de las personas.
Hay una relación directa entre lo que es bueno para los animales, para el planeta y para nuestra salud. Todo depende de lo que pongamos en nuestro plato a la hora de comer. Así lo indica el estudio ‘Multiple health and environmental impacts of foods’ publicado por la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, y, también, como refleja Statista en este gráfico.
Ya que los grandes cambios siempre han empezado por un primer paso, queremos acompañarte en este camino, a ti y a todas las personas que quieran aportar su granito de arena para evitar el maltrato y la explotación animal, y lo haremos con toda la información y enlaces a estudios que avalan un posicionamiento ético hacia los animales y los consiguientes beneficios añadidos de una dieta libre de sufrimiento animal.
¿Viven las vacas en prados verdes? ¿Se crían las terneras acompañadas de sus madres? ¿Retozan los cerdos en el barro de una explotación? La respuesta es NO. La realidad de la industria de la carne es grotescamente distinta, la verdad que se esconde detrás de los muros de las granjas y mataderos es un infierno difícil de digerir.
Lejos de nuestra vista, desvinculados de la bandeja de carne troceada que compramos en el supermercado, cada año se da muerte en nuestro país a más de:
Tres millones y medio de vacas.
Catorce millones de ovejas.
Casi dos millones de cabras.
Setenta y cinco millones de cerdos.
Cincuenta mil caballos.
Cincuenta y siete millones de conejos.
MIL TRESCIENTOS CUARENTA MILLONES DE AVES.
Para criar a todos esos millones de seres, la industria ha creado un sistema de producción en el que los animales son tratados como cosas que ni sienten ni sufren, son una pieza más dentro del engranaje de una monstruosa cadena de una industria donde la empatía, ni la asistencia veterinaria individualizada tienen cabida y en la que prima la rentabilidad sobre los intereses de los animales.
Apenas han salido de su cascarón, los pollitos pasan por una cinta transportadora en las que los machos son seleccionados y lanzados vivos a una trituradora, por el único motivo de que no son útiles a la industria del huevo. Se descartan como si lo que pasara por la cinta fueran tomates que no superan el control de calidad. Estos pequeños seres recién nacidos sufrirán una horrible muerte perfectamente regulada por ley: “por medios mecánicos (aplastamiento) o con una trituradora que disponga de cuchillas de rotación rápida».
Los pollos y gallinas son seres sensibles, curiosos y muy sociables. Les gusta pasar el día acicalando sus plumas, escarbando y picoteando, tomando el sol o dándose baños de arena. Su comportamiento natural será completamente negado. Nunca verán la luz del sol, nunca pisarán otra cosa que la rejilla metálica de la jaula, no podrán moverse en el limitado espacio correspondiente para cada una, equivalente a un folio de papel. Las gallinas más débiles enfermarán y agonizarán lentamente, sin asistencia veterinaria. Las que sobrevivan, después de un año o año y medio de confinamiento, disminuirán su nivel de producción de huevos y dejarán de ser rentables para el ganadero que las enviará al matadero. Igualmente, los pollos, serán enviados al matadero tras un rápido y artificial proceso de engorde, tan sólo al mes y medio de nacer.
Los cerdos son sometidos a dolorosas mutilaciones nada más nacer. La legislación permite que durante los primeros siete días de vida y sin hacer uso de anestesia, se recorten los caninos de los lechones, se les ampute el rabo y se castre a los machos. Las jaulas de gestación en las que las cerdas pasan el tiempo que dura su embarazo y el parto, las mantienen permanentemente inmovilizadas, impidiéndoles siquiera darse la vuelta. Cuando dan a luz, las madres no pueden ni acercarse a sus lechones. Pese a que en libertad, una madre construiría un lecho donde dar a luz cómodamente a sus bebés, la ley es clara y rotunda: Las cerdas deben disponer de tiempo suficiente antes del parto para adaptarse al sistema de confinamiento.
Para que las vacas produzcan leche, son inseminadas de forma artificial reiteradamente, en un ciclo continuado de embarazos. Tras el parto las terneras recién nacidas son dolorosamente separadas de las madres, suministrándoles productos que reemplazan la leche materna. Tras unos meses de engorde, serán enviadas al matadero para convertirse en carne.
Los mataderos son el último eslabónde un sistema que cría, explota y mata en tiempo récord a cientos de millones de animales al año. Pollos, terneras, corderos, lechones… Ninguno de ellos ha llegado al fin de su esperanza de vida. Por el contrario, son todos tan jóvenes que su edad de sacrificio no se calcula en años, sino en meses.
Estamos habituados a escuchar las ofertas del supermercado sin pararnos a pensar que un cordero lechal es un bebé lactante de pocos días de vida, que un cochinillo, es un cerdo lactante, que ha sido sacrificado a los 28 días de nacer, o que la ternera no es el nombre de un tipo de carne, sino un animal recién separado de la madre, al que se ha llevado al matadero sin haber podido disfrutar de la compañía de su madre ni por un instante.
La muerte está sistematizada en procesos industriales en los que prima la rapidez.
En esta tabla se desglosa la edad de sacrificio de cada especie animal, y la esperanza de vida que cada uno de ellos tendría si no se les diera muerte:
ANIMAL
ESPERANZA DE VIDA
EDAD DE SACRIFICIO
Oveja
10-12 años
Cordero lechal 25-30 días. Oveja 6 años (fin de su vida productiva)
Vacas para carne
18-22 años
Carne añojo 12-18 meses. Carne ternera 5-10 meses
Vacas lecheras
18-22 años
4-5 años (fin de su vida productiva)
Cerdos
15-20 años
Lechones 21-28 días. Cerdos de cebo 6-8 meses
Cabra
15 años
Cabritos 20-25 días
Conejo
9 años
2 meses
Pollos para carne
8-10 años
42 días
Gallinas ponedoras
8-10 años
1-1,5 años (fin de su vida productiva)
La muerte está sistematizada en procesos industriales en los que prima la rapidez. En la Unión Europea se autorizan varios métodos para matar animales según la especie, todos ellos igualmente de angustiosos y estresantes. A los pollos se les electrocuta sumergiéndoles en tanques de agua electrificada, para posteriormente colgarles boca abajo y rebanarles el cuello hasta que se desangren. Los ritmos de sacrificio son tan rápidos que ni siquiera se hace de forma manual, existen para ello rebanadoras de cuellos automáticas.
A los cerdos se les puede gasear con CO2, o electrocutar con pinzas para luego colgarles y desangrarles. Pese a que se ha demostrado que los sistemas de asfixia con gases inertes son agónicos para los animales que lo experimentan, la propia legislación también ha concluido que es muy costoso para la industria implementar nuevos métodos de muerte.
Con las vacas se utiliza una pistola de perno cautivo para dispararles entre los ojos, hasta dejarlas inconscientes y posteriormente colgarlas de un gancho por una pata trasera procediendo a su desangrado y descuartizado. El Real Decreto que regula la matanza de animales describe la infinidad de métodos para matar a cada animal, a cual más espantoso, ninguno exento de angustia y sufrimiento.
El objetivo de la asociación Empatía es erradicar esa barrera psicológica que nos impide ver a todos los animales como merecedores de respeto, y generar la empatía necesaria para que todos los animales entren a formar parte de nuestro círculo de consideración moral.
Hay una realidad, muchas veces ignorada en campañas y debates sobre ganadería. Y es que las granjas y los mataderos existen porque hay gente que demanda carne, por lo que se hace necesaria una reflexión madura, honesta y sincera. Nos toca tomar decisiones.
No es cuestión de hacer sentir mal a nadie, pero sí responsable: tú puedes tomar decisiones que contribuyan a ser parte de la solución. Puedes hacerte consciente de las consecuencias del consumo de carne y reducirlo paulatinamente. Todos hemos empezado por dar un primer paso y acabar formando parte de una creciente corriente de personas que constituyen la solución.
2. Bueno para el planeta
Una reducción o eliminación del consumo de carne, repercutiría favorablemente en los niveles de contaminación de nuestro planeta, de nuestras aguas, y en el despilfarro de los recursos naturales que se emplean para la producción de carne.
Según un artículo publicado recientemente en la revista Sustainability, la ganadería es responsable de entre el 16,5% y el 28% de toda la contaminación por gases de efecto invernadero. Si nos centramos solo en el sistema de producción alimentario, la ganadería es responsable del 57% de los gases de efecto invernadero.
Un artículo en Climate Policy estima que el sector ganadero podría consumir en 2030 entre el 37% y el 49% del presupuesto de GEI (Gases de Efecto Invernadero) permitido por los objetivos de 2°C y 1,5°C, respectivamente.
En este estudio revisado por pares se evidencia que las explotaciones ganaderas contribuyen potentemente a los gases de efecto invernadero (metano y óxido nitroso), y a la deforestación necesaria de la creación de terreno para la producción de pienso. En ese mismo estudio se investiga cuál sería el verdadero beneficio de la eliminación de la ‘agricultura animal’ y concluye que “una rápida eliminación mundial de la ganadería podría estabilizar los niveles de gases de efecto invernadero durante 30 años y compensar el 68% de las emisiones de CO2 de este siglo”. Según sus conclusiones, la actual emergencia climática debería colocar la reducción o la eliminación de la ganadería al frente de las estrategias para evitar un cambio climático desastroso.
Uso de tierras agrícolas. Our World in Data nos ofrece información para que nos hagamos una idea de los recursos naturales que utiliza la ganadería en relación con las tierras habitables y cultivables:
1% es la tierra habitable ocupada por el ser humano
12% es la destinada a la agricultura
38% está destinada a la producción ganadera y lechera. Este porcentaje incluye tanto las tierras utilizadas para que los animales pasten como las tierras cultivables utilizadas para la producción de piensos.
En cuanto al uso de agua, la ganadería es un ejemplo del malgasto de tan necesario elemento: la producción de un kilogramo de carne de vaca o ternera, utiliza una media de 15.415 litros, según los datos publicados en el estudio ‘The water footprint of farm animals and animal products‘, realizado por Mekonnen y Hoekstra para la organizaciónWater Footprint Network.
Además, las aguas quedan contaminadas allí donde una industria ganadera se implanta. Según una investigación realizada por Datadista, durante 2020, la Dirección General de Salud Pública de Aragón detectó 93 mediciones por encima de 50 mg/litro de nitrato (nivel máximo permitido y seguro para la salud) en 37 zonas de abastecimiento humano, afectando a una población de 6.997 personas. Hay pueblos que reparten durante meses agua en garrafas entre los vecinos ya que la del grifo no se puede beber.
Si consideramos la huella de carbono según el tipo de dieta, las emisiones totales de las personas vegetarianas son, en promedio, un 22% inferiores a las que toman carne frecuentemente. En el caso de los veganos son, en promedio, un 37% inferiores.
Sistema de generación de proteína ineficaz e insostenible
Este concepto es muy fácil de entender: si yo como directamente las proteínas contenidas en los vegetales necesito la cuarta parte de terreno que si me alimento con proteína de origen animal. Es decir, para producir un kilo de proteína animal necesito más terreno ya que tengo que alimentar al animal desde su nacimiento hasta el momento de su sacrificio. Paralelamente también necesito agua para darle de beber y otras actividades de la crianza, así como antibióticos a gran escala, hecho que está amenazando los únicos medicamentos que tenemos, por el momento, para defendernos de las infecciones bacterianas.
Pero volvamos a la utilización de los terrenos. Las naciones industrializadas no tienen terreno suficiente para abastecer de alimento a sus animales de granjas, de ahí que hagamos lo que siempre se nos ha dado bien, y es robar los recursos a otros países.
Pensemos que gran parte de la selva amazónica ha sido talada para producir soja para alimentar a nuestros animales y que las grandes extensiones fértiles de África central también pertenecen a empresas de países desarrollados que cultivan forraje y cereales para sus explotaciones ganaderas, mientras que la gente local se muere de hambre.
La deforestación de la selva amazónica
A día de hoy, a la voraz demanda de carne de Europa y Estados Unidos se han añadido China e India.
En España mismo, en los años 70, se consumían 11 kg de carne por persona y año, cifra que se ha elevado hasta los 44,71 kg de los últimos años, según los datos del Informe del consumo alimentario en España 2021.
Todo esto nos lleva a la escalofriante suma de 1.340.313.198 animales sacrificados en matadero en España en 2021: 1.175 millones de aves, 75,8 millones de cerdos, 57,8 millones de conejos, 3,7 millones de vacas, 14,5 millones de ovejas, 1,7 millón de cabras y 49.989 caballos, según el Informe anual de indicadores del año 2021 del Ministerio de agricultura y pesca, alimentación y medioambiente.
A estas escalofriantes cifras hay que sumar 2 más:
Una cifra menor compuesta por los animales salvajes muertos por caza, los animales muertos en laboratorios, los animales muertos en los festejos y los animales domésticos sacrificados.
Y una cifra estratosférica compuesta por peces, mariscos y moluscos, a los que ya no se cuantifica siquiera como individuos, sino por toneladas.
La agónica situación de los mares
El declive de la vida marina es una realidad. Hay poblaciones ya diezmadas desde hace varias décadas y la presión sobre el mar continúa implacable.
Según el MAPAMA, en 2021 se capturaron 797.000.000 kilos de pescado y marisco. Si esta cifra te parece alta debemos recordar que en 1992 las capturas ascendieron a 1.302.000.000 Kg de peces y marisco (desgraciadamente hablamos de kilos porque sería impensable lograr contar los individuos).
El declive de la vida marina es una realidad presente. Hay poblaciones ya diezmadas desde hace varias décadas y la presión sobre el mar continúa implacable.
Las medidas de no pescar peces pequeños o de dejar períodos de descanso son sólo una manera de intentar limpiar nuestra imagen depredadora, pues resultan totalmente insuficientes para permitir la recuperación de las poblaciones, y por otra parte no evitan el sufrimiento y matanza de los animales capturados.
Si analizamos las cifras publicadas podemos ver que:
En 1992 se capturaron 173 millones de calamares, jibias, pulpos, número que se redujo a 34 millones en 2021.
En 1992 se pescaron 66 millones de la categoría Platijas, halibuts, lenguados y en 2021 esta cifra bajó a 12 millones.
En 1992 se pescaron 21 millones de peces pelágicos diversos (un saco donde se mete todo lo que se encuentra en alta mar) y en 2021 hemos aumentado la cifra hasta los 77 millones. Es decir, ya vamos a por todo lo pescable, aunque sea lo último que pesquemos.
Pero hay más: solo en 3 años (desde el 2012 al 2014) las capturas de océanos alejados se han multiplicado por 2,5, lo que nos indica que esos 797 millones de kilos ni siquiera son de nuestros caladeros, si no, una vez más, de zonas marítimas pertenecientes a otros países.
La mayoría de la demanda de productos del mar es de especies en neto agotamiento, por lo que aunque algún pez, nos negamos a llamarles pescado, lleve la etiqueta de sostenible, la condena de los animales marinos parece inevitable.
En otras palabras: si todos nos alimentáramos de peces sostenibles estas especies acabarían siendo no sostenibles, ya que las llevamos a la extinción, de la misma manera que es imposible que nos alimentemos todos de carne ecológica porque no hay terreno suficiente en el planeta para satisfacer la demanda actual de carne con carne ecológica o de pasto.
La única solución es optar por reducir drásticamente o evitar completamente el consumo de animales.
3. Bueno para tu salud
Hasta hace un par de décadas se creía que una alimentación basada en vegetales sería una alimentación incompleta no obstante la existencia en nuestro planeta de grandes grupos poblacionales que siguen patrones vegetarianos y que no destacan precisamente por ser los menos saludables, como pueden ser millones de habitantes de la India.
Por otra parte, el auge del número de personas que optan por una alimentación basada en vegetales, así como el interés de la industria por producir productos que satisfagan esta creciente demanda, ha tenido como resultado el auge de estudios de salud sobre la población vegetariana y vegana.
A día de hoy, la evidencia de estos estudios corroboran que es posible mantener una alimentación saludable basada en vegetales. Los viejos miedos sobre la insuficiencia de proteínas, de hierro o calcio han pasado a la historia y se han hecho evidentes cuáles son las medidas, combinaciones y precauciones necesarias para gozar de un óptimo estado de salud.
En las proteínas, por ejemplo, hoy se sabe que la mayoría de legumbres, así como todos los pseudocereales, leguminosas, frutos secos y semillas contienen todos los aminoácidos esenciales por lo que no es necesario combinar. Además, el valor nutricional de los aminoácidos aportados es igual sea la matriz vegetal o animal.
Paralelamente, se han descubierto consecuencias poco saludables del exceso de consumo de alimento de origen animal, tales como publicó en 2016 la OMS sorprendiendo al mundo sobre una posible relación entre el tipo de hierro de la carne roja y el cáncer colorrectal o la probable relación entre los aditivos añadidos a los derivados cárnicos y otros tipos de cáncer.
Otras consecuencias negativas relativas al consumo de productos de origen animal está relacionado con técnicas culinarias, como la barbacoa o las altas temperaturas de los asados, más que con el alimento en sí. Pero, si hablamos de técnicas culinarias tenemos que tener cuidado con cualquier tipo de alimento, ya que, por ejemplo, el tostado u horneado de los cereales que forma esa costra que tanto nos gusta (derivada de la reacción de Maillard) contiene acrilamida, la cual también puede inducir la formación de tumores. Por ello, en relación con las técnicas culinarias resumimos el asunto diciendo que, siempre que se pueda, se tiene que optar por técnicas suaves como el hervido, vapor, plancha o guiso, en las que el alimento no supera los 100-120ºC. Otras técnicas industriales o el horneado mismo sube la temperatura del alimento por encima de dichos valores, ocasionando la alteración de los ingredientes e induciendo la formación de sustancias tóxicas.
Otro aspecto importante a considerar, cuando se habla de patrones nutricionales, es que los alimentos son una parte importante de nuestra salud, pero se insertan dentro de una realidad más amplia constituida por nuestro estilo de vida. Los tóxicos como tabaco y alcohol, el sedentarismo, el sobrepeso, la falta de tejido muscular, el desequilibrio emocional influyen en conjunto en nuestro estado de salud. Por eso, es difícil comparar las consecuencias de un solo alimento hacia otro, de la misma manera que no es lo mismo un alimento natural o un alimento ultra procesado.
Las maravillas vegetales
Más allá de esta contextualización veamos cuáles son los puntos fuertes de una dieta basada en vegetales. Aquí no vamos a desarrollar cómo diseñar una dieta vegana saludable, pero si te interesa saberlo puedes suscribirte, al final del artículo y te enviaremos 4 correos donde desarrollamos este tema, explicando todo lo que hay que saber sobre proteínas, vitamina B12, Omega 3, Epa y Dha, así como los minerales hierro, calcio, zinc, selenio y yodo. También te explicaremos cuáles son las analíticas que tienes que hacer para asegurarte que todo está bien.
Ahora, en cambio, vamos a hacer un recorrido sobre las maravillas que nos ofrece el reino vegetal. Obviamente, también los omnívoros comen vegetales pero al combinarlos con otros alimentos los consumen en menor medida y menor variedad.
Los fitoquímicos
Son sustancias contenidas en los vegetales que ejercen una acción saludable en nuestro organismo. Hay centenares catalogadas y son objeto de estudio continuo por parte de los diferentes laboratorios. Se clasifican en base a su composición química como polifenoles, terpenos, glucosinolatos y organosulfurados, pero lo que nos tiene que interesar es su enorme cantidad de beneficios. Son ‘anti todo’: anti oxidantes, anti cáncer, anti enfermedades cardíacas y neurodegenerativas, antibacterianos, antivirales y antifúngicos… es decir un auténtico elixir de salud. Algunos actúan bloqueando compuestos perniciosos, otros directamente sobre nuestro ADN induciendo la formación de compuestos beneficiosos o bloqueando la síntesis de compuestos nocivos, otros crean sinergias con las bacterias intestinales beneficiosas, etc. Ante tanto beneficio el deseo es poder ingerirlos todos, pero ¿cómo podemos hacerlo?
La gran suerte es que estos compuestos están asociados a los pigmentos, por lo que es suficiente comer vegetales de todos los colores para variar y obtener todos los fitoquímicos. Son de particular interés los vegetales morados (lombarda, arándanos, moras, etc.), pero tenemos que incluirlos todos: amarillos, anaranjados, rojos, verdes claro, verdes oscuro, blancos, marrones, etcétera.
Las farmacias y herbolarios están llenos de suplementos ricos en fitoquímicos. Los suplementos pueden ser útiles en determinados momentos porque aportan una concentración mucho mayor que la contenida en los alimentos, pero no olvidemos que una sustancia dentro de una matriz alimentaria tiene una acción sinérgica con la misma que los suplementos no pueden ofrecer.
Hay tomate y tomate
La primera regla la acabamos de ver: variar por colores. Pero esto no es suficiente: nuestros vegetales tienen que ser de temporada, de cercanía y posiblemente ecológicos.
No es lo mismo comer un tomate recogido en una huerta cercana, que ha madurado al aire libre, que un tomate que proviene de otro continente y que ha sido recogido sin madurar y ha madurado de manera artificial.
El elegir vegetales ecológicos nos aporta grandes ventajas:
La ausencias de fertilizantes químicos que resultan tóxicos para nuestro organismo
La ausencia de pesticidas que además de ser tóxicos y exterminar a los insectos, nos aportan alimentos pobres en bacterias y hongos que pueden sernos beneficiosos.
Un vegetal cultivado al aire libre ha tenido que resistir a las inclemencias del tiempo, ataques de insectos, etc. Esto hace que desarrolle más sustancias antioxidantes de defensa y que, por lo tanto, sea mucho más potente a nivel de salud que los vegetales de invernaderos.
Si, además de ecológico, es ‘de cercanía’ estaremos reduciendo la contaminación por transporte y la utilización de empaquetado. Y si es de cercanía y ecológico, lo normal es que sea de temporada.
La fibra
Todos los alimentos vegetales contienen fibra. Esta palabra incluye diferentes tipos de sustancias que se caracterizan por no ser digeribles, ni absorbibles en nuestro intestino delgado, si no que son fermentadas por la microbiota intestinal en el intestino grueso.
Una vez fermentada se forman compuestos que sí somos capaces de absorber, como son los ácidos grasos de cadena corta. Entre ellos tenemos el butirato que constituye la fuente energética favorita de las células de nuestra barrera intestinal, demostrando que hemos evolucionado comiendo fibra y que aquellas personas que omiten o limitan los vegetales de su alimentación debilitan su barrera intestinal.
Otro de los ácidos grasos, el propionato, en cambio actúa a nivel hepático inhibiendo la síntesis de colesterol, de ahí que las personas que se alimentan con un patrón vegetal bien diseñado presentan valores de colesterol más saludables.
La fibra tiene la capacidad de adsorber agua facilitando el tránsito del bolo alimenticio hacia su expulsión, además de ejercer un efecto arrastre capaz de limpiar nuestra luz intestinal
Por otra parte, es justamente este efecto arrastre que induce una menor absorción de los diferentes nutrientes, como las proteínas, de ahí que sea necesario asegurarse buenas aportaciones de las mismas.
Faceta prebiótica
Los numerosos estudios realizados sobre microbiota intestinal han aportado luz sobre los alimentos preferidos por las bacterias comensales, es decir aquellas bacterias que crean una sinergia con nosotros. Todos estos alimentos son de origen vegetal. entre ellos tenemos:
El almidón resistente. Hay dos tipos de almidón resistente que nosotros podamos digerir: uno es el contenido en el plátano poco maduro y otro es el contenido en los alimentos ricos en almidón que hayan bajado por debajo de los 10ºC. Esto que parece complicado es lo que tenemos cada vez que comemos una ensalada campera que hayamos conservado en frigorífico; es más, también lo tenemos cada vez que comamos arroz, legumbre o boniato o cualquier alimento que contenga almidón y que hayamos conservado en frigorífico. Si nosotros calentamos este alimento no perdemos el almidón resistente, porque para perderlo deberíamos volver a someter el alimento a una temperatura superior a los 120ºC, cosa que no hacemos cuando calentamos los alimentos ya que solemos comerlos a 70ºC.
Los mucílagos, que obtenemos cuando hervimos en agua caliente semillas de chía o de lino.
Las pectinas contenidas en manzanas, zanahorias y peras, sobre todo cocidas
Los fructanos como la inulina y los fructooligosacáridos contenidos principalmente en las frutas
Los galactooligosacáridos, contenidos nuevamente en frutas y verduras de consumo cotidiano (zanahorias, pepinos, naranjas, manzanas, etc)
Tampoco tenemos que olvidarnos de la gran aportación de bacterias beneficiosas que nos ofrecen alimentos fermentados como el chucrut, los encurtidos, la Kombucha, el Kefir, etc.
Los factores anti nutritivos y su efecto hormético
Una de las críticas que se hace a los alimentos vegetales es que tienen muchos factores antinutritivos como las lectinas, saponinas, inhibidores enzimáticos, etc.
Todos ellos se pueden reducir aplicando las técnicas culinarias adecuadas, que otras no son que técnicas tradicionales que aplicaban nuestros abuelos como remojo de las legumbres, tostado de frutos secos etc. La investigación actual ha permitido verificar que todas estas técnicas aumentan notablemente la digeribilidad de estos alimentos reduciendo estos factores.
Además, algunos de estos factores (concretamente los oxalatos, fitatos y taninos) tienen al mismo tiempo acciones beneficiosas para la salud, por lo que su ingesta es, en parte, deseable.
Por último, sí aplicamos las técnicas correctas y reducimos con ellas la concentración de estos factores, la cantidad residual que ingerimos parece tener un efecto hormético, induciendo una respuesta defensiva en nuestro organismo que nos fortalece.
Técnicas tradicionales y habilidades culinarias
Como hemos mencionado es importante desarrollar las habilidades culinarias. A día de hoy, es prácticamente imposible tener el tiempo necesario para cocinar, por ello se hace indispensable organizar y planificar nuestro menú semanal. Con dicha organización reduciremos los desperdicios y podremos nutrirnos de alimentos naturales evitando el uso y abuso de ultraprocesados.
Las especias: la guinda del pastel
Al limitar nuestros grupos de alimentos a los vegetales normalmente los vegetarianos recurrimos a una mayor variedad de ellos y tratamos de enriquecer los sabores de estas recetas con las especias.
Hemos de saber que las especias son auténticos elixires de salud y que su uso en la cocina tradicional garantiza una mejor conservación al tiempo que aporta beneficios metabólicos.
A destacar tenemos el macerado de aceite, con el cual añadimos especias, como orégano, tomillo, romero, menta, etcétera al aceite de oliva virgen extra. Su utilización, que debe de hacerse en crudo, aporta el sabor de estas especias a nuestros platos al tiempo que nos permite ingerir el aceite esencial de las mismas cuyo efecto antiinflamatorio y antibiótico nos ayuda a mantener un buen estado de salud sin necesidad de torturar ni privar de su vida a ningún animal.
Si quieres dar el paso, suscríbete a nuestro boletín de salud y nutrición y recibirás, de manera gratuita, un plan semanal de dos meses de duración elaborado por una nutricionista vegana con el que podrás llevar a cabo un cambio positivo para los animales, tu salud y la del planeta.
El creciente rechazo al maltrato animal es un hecho. Ha sido crucial el libre acceso a la información, sumado a la preocupación de la sociedad por conocer y divulgar las crueldades ejercidas sobre los animales. De todas esas prácticas moralmente inaceptables en la actualidad, la caza es una de las más atroces. Es una anomalía ética que la masacre de millones de individuos se justifique por el derecho de otros a matar por diversión. Y ese derecho está blindado por la clase política, que ampara sin ambages al lobby cinegético. Los vínculos entre ambos son tan obvios, que no solo se destina dinero público para fomentarla, sino para blanquear una actividad sangrienta, que atenta contra el medioambiente y el derecho del resto de los ciudadanos.
El último de los ejemplos continuos de esta connivencia entre los políticos y el lobby escopetero se dio el pasado año, cuando el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación aprobó por unanimidad la Estrategia Nacional de Gestión Cinegética, considerada un marco orientativo para las comunidades autónomas y en la que el Gobierno ejerce una labor de coordinación. Por ello, según publica la página del ministerio, uno de los objetivos de esta estrategia es también mejorar la imagen de la caza y poner en valor la labor que desempeñan tanto los cazadores como los gestores, asesorados por organismos de investigación públicos y privados: “Es un hito para la caza sostenible y la dinamización del medio rural”, subraya el ministro del ramo.
La realidad es que cada año, en España, se exterminan impunemente más de 30 millones de animales y los políticos son cómplices. La Asociación Empatía tiene entre sus objetivos, trabajar para conseguir cambios legislativos y sociales que aceleren la prohibición de la caza.
Ante el avance de la concienciación en materia de maltrato animal, el lobby cinegético se defiende con falacias, perfectamente rebatibles:
Conservar el equilibrio de las especies: los desequilibrios de los ecosistemas son provocados por el hombre, al destruir sus hábitats, introducir especies exóticas y hostigar a los predadores naturales.
En los espacios no sometidos a la caza, no existe sobrepoblación de animales. Si en algún momento puntual aparece, es perfectamente controlable con métodos no cruentos y de probada eficacia.
El argumento de preservar el equilibrio, se desploma al comprobar que dentro de la propia actividad se precisa de las granjas cinegéticas para a repoblar una y otra vez los terrenos donde ha disminuido el número de individuos a abatir.
Respetar el medio ambiente: desde febrero del presente año, queda prohibida en la UE el uso de la munición de plomo, pero solo en los humedales. El plomo es la munición más utilizada. En nuestro país se dispersan al año 6.000 toneladas en forma de 50.000 millones de perdigones, que pueden demorar hasta 300 años en deshacerse en la naturaleza. Por tanto, contamina el suelo, el agua, las plantas, y es la primera causa de intoxicación en animales. El plomo se ingiere con los alimentos o por vía inhalatoria y también afecta a los humanos, produciendo una enfermedad llamada plumbismo, que ocasiona lesiones irreversibles en el sistema nervioso. La situación es lo suficientemente relevante como para que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) haya sugerido que se limite el consumo de carne de caza, en especial a los niños y mujeres embarazadas.
Pero la caza arrastra otras consecuencias, durante su ejercicio, mueren por «accidentes» alrededor de 24 personas cada año y más de dos mil sufren lesiones de diferente magnitud.
El 87% del territorio español es un coto de caza, con casi 800.000 licencias para disparar sin restricciones y coartar el derecho del resto de las personas que desean disfrutar de la naturaleza sin que sea una temeridad. O un peligro, incluso para su vida.
El maltrato a los perros de caza traspasa fronteras, hasta la Eurocámara ha pedido explicaciones a España por crueldad ejercida sobre los galgos. En nuestro país mueren anualmente más de 50.000 perros, coincidiendo con el fin de la temporada de caza. Esas muertes se producen de forma violenta, en los enfrentamientos con otros animales, por disparos, mutilados, apaleados, quemados, ahorcados en árboles… A los refugios llegan por decenas y en todas las comunidades autonómicas se calcula que el 60% de los perros abandonados en protectoras, son de caza. Es vergonzoso que existan organizaciones internacionales dedicadas a defender al perro de caza español, pero es aún más lamentable, que después del tiempo y esfuerzo dedicado por el movimiento animalista, la reciente Ley de Bienestar Animal, aprobada por el gobierno PSOE-Podemos, lo excluya de su protección.
Está claro que el impacto de la caza sobre la biodiversidad, la hace insostenible. Es una contradicción que se admita la actividad cinegética en las reservas naturales, los Parques Nacionales o cualquier lugar protegido a nivel nacional o regional. También desde Europa es necesario modificar las directrices que permiten la caza en la Red Natura 2000, si bien se prohíbe en los humedales, lo cual afecta, solo en ese aspecto, a las Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA).
Por otro lado, comprobamos que las licencias de caza descienden, el interés disminuye y la sensibilidad de la sociedad ya no tolera los ejercicios de violencia contra los animales. Vamos a trabajar e impulsar propuestas para conseguir la prohibición de la caza, porque es tan inaplazable como fundamental para avanzar hacia una sociedad respetuosa, empática y justa.
Los gatos en general y los comunitarios en particular, están siendo objeto de una injusta campaña de demonización con muy perniciosas consecuencias para su bienestar, en caso de asumirse los erróneos planteamientos que algunos colectivos profesionales están difundiendo.
Se estigmatiza a los gatos y se les utiliza como caballo de Troya, contra el auge de la conciencia hacia los animales
La interacción de los humanos con los gatos tiene más de 9.500 años de antigüedad. Los gatos son seres que sienten, experimentan placer y dolor. Actualmente, están protegidos legalmente por el sistema jurídico español. Relacionarnos de una manera ética es ahora nuestra responsabilidad.
Este ataque orquestado va mucho más allá de la criminalización de los gatos, que ya es de por sí grave. Este ataque es una guerra contra la empatía y la conciencia hacia los animales.
Se estigmatiza a los gatos y se les utiliza así como caballo de Troya, contra el auge de una conciencia hacia los animales, contra una corriente social que amenaza al poderoso lobby de la explotación animal, al poderoso lobby de la industria cárnica, al violento lobby de cazadores.
Quienes cuidamos y alimentamos gatos, quienes rescatamos perros, quienes rechazamos la caza, los circos o el consumo de carne, estamos poniendo en jaque un sistema que basa su crecimiento económico en el sufrimiento animal, y que ve tambalearse sus beneficios por el auge de la empatía, el respeto y la consideración moral que los animales merecen.
Las cuidadoras de colonias felinas son el eslabón más débil de la cadena. Suelen ser mayoritariamente mujeres, que se enfrentan habitualmente a la incomprensión, los insultos e incluso a agresiones al ejercer su labor en la vía pública sin respaldo ni apoyo de las administraciones, como al recientemente condenado con orden de alejamiento por agresión.
Mi nombre es Silvia Barquero y si me tuviera que describir con alguna etiqueta diría que soy activista por los derechos de los animales. Desde que tengo uso de razón siempre me han preocupado las consecuencias de mis actos, he tratado de ayudar a los demás, pero sobre todo, me han indignado las injusticias, especialmente las que se cometen contra los animales.
Comencé a reflexionar seriamente sobre lo que les hacíamos a los animales desde niña. En aquella época no existían ni internet ni las redes sociales. Recuerdo que mi madre cosía mientras veía en la tele corridas de toros en blanco y negro, y yo le preguntaba por qué hacían eso al animal. En la cabeza de esa niña no era concebible tal horror.
Más tarde, alguien compartió conmigo un folleto que me hizo pensar en por qué me comía a los animales. Poco a poco, fui abandonando el consumo de carne y cuando gané mi primer sueldo, en 1998, lo dediqué a una organización en favor de los animales y el medio ambiente. Al mismo tiempo empecé a colaborar activamente en campañas de sensibilización. Y en 2003 di el paso al veganismo y me dediqué de lleno al activismo que desde entonces ha sido lo que ha dado sentido a mi vida. No se me ocurre mejor manera de emplear mi tiempo y mis esfuerzos que tratando de poner freno a las injusticias que se cometen contra los animales.
El motor que me ha movido desde entonces ha sido concienciar para que cada día más personas sean conscientes de la terrible situación que padecen los animales y aunar esfuerzos para construir una corriente social imparable que influya en las instituciones para hacer realidad ese sueño, el de un mundo donde los animales vivan en paz, se respete el planeta donde habitamos, procurar una alimentación vegetal que sea buena para nuestra salud y respetuosa con los demás animales.
A lo largo de los años he trabajado intensamente en diversas organizaciones, en cada una de ellas he aportado lo mejor de mí misma, y me he visto apoyada por una impresionante cantidad de gente a la que me siento agradecida por haber contribuido a impulsar los cambios que los animales necesitan.
Durante todo este tiempo siempre he tenido una emoción como bandera, la empatía que siento hacia los desfavorecidos. Creo profundamente que la empatía es la solución a los problemas de este mundo. Ponerse en el lugar de los demás y tratar de entender su situación desde su perspectiva y ayudarles siempre que estén sufriendo.
Ahora más que nunca es fundamental una organización que lleve como bandera la empatía, que esté allí donde los animales nos necesitan:
Haciendo frente a las tropelías que se comenten contra los animales en festejos populares.
Plantando cara a los cazadores que se adueñan del monte y acribillan a balazos a millones de animales.
Denunciando el maltrato sistemático al que somete a los animales la industria ganadera.
Para ello será necesario aunar esfuerzos, poner toda nuestra energía positiva al servicio de los animales y recorrer este camino juntos, como lo hemos hecho siempre, celebrando los éxitos y analizando que cada paso que demos nos lleva en la dirección correcta. En resumen: poniendo corazón y cabeza al servicio de los Sin Voz.
Acabamos de empezar esta aventura, cuento contigo para escribir los emocionantes capítulos del futuro para los animales en este país.
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